Q’ Acelga?: Rock ‘N Rouge

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Foto: Federico Closs

En el transcurso de la historia, ha habido grandes mujeres próceres que le han dado identidad y exquisitez a la música popular argentina, desde Tita Merello o Nelly Omar en el tango, a “la Negra” Mercedes Sosa en el folklore. Sin embargo, en el mundo contracultural del rock, las mujeres han estado en un segundo plano, casi escondidas, casi desapercibidas. Encontramos casos como María Gabriela Epumer, la gran guitarrista de Charly, o la espectacular Andrea Álvarez, ama y señora de las baquetas, quien ha grabado con grandes bandas consolidadas como Soda Stereo y Divididos.
En este contexto adverso, aparecen a fines de los ‘90 las chicas de Q’ Acelga?, con quienes tuvimos oportunidad de hablar de lo difícil de hacer música en un ambiente tan machista como lo es el Rock Nacional.

Inicios y formación

¿Cómo arrancaron con la música?
Valentina Concetti: Yo arranqué en México, cuando fui a ver a El Tri. Yo estaba viviendo ahí, por cuestiones de mis viejos que eran exiliados. Fue la primera banda que fui a ver en mi vida, me partió la cabeza y ahí mi viejo me regaló la viola. 

Su única meta desde chica fue formar una banda, cantar y tocar la guitarra. Así fue como de adolescente integró la banda Don Jefe, en la cual hacían covers de bandas como El Tri, entre otras.
Por el lado de Silvina, baterista y fundadora de la banda, los primeros pasos fueron diferentes.

¿Vos Silvina?
Silvina Cendón: Yo empecé a los 19, tocando el bajo, y estuve cuatro años tocando con una banda que se llamaba Por lo Menos, que tuvo sus cinco seguidores… (risas)

Luego el destino haría que se crucen. Silvina, acompañando a su marido Tete (bajista de La Renga), conocería a Valentina en México. Para ese entonces, Silvina había armado una pequeña sala de estudio en su nueva casa, donde se estaba forjando el esbozo de lo que sería la banda. Solo restaba buscar un cantante y Valentina había regresado al país.

Todo esto comenzó acá, en el barrio de Mataderos…
V: Si, yo vivía en Boedo pero venía a una peña. Acá los conocí. Y después coincidíamos que teníamos bandas y tocábamos. Después yo me fui a vivir a México y siempre tuve el contacto con La Renga, eran mis cuates. Y en una de las giras viene Silvina con Tete y me la presenta. Enseguida pegamos onda.

El vínculo fue inmediato. Comenzaron a ensayar a fines del año ’98 y el primer concierto llegó a principios del año siguiente. En ese momento bajo el nombre de Acelga. La primera formación estaba compuesta por dos guitarras, bajo y batería, con la que grabaron su primer disco El Poder De La Verdura (2001) luego de un proceso en el cual sentaron la base de lo que verdaderamente estaban buscando.

Los primeros pasos musicales 

Para el año 2005 saldría su segundo disco, Patear Juntos, pero con formación totalmente distinta. Esta nueva etapa de la banda estaría determinada por el cambio de formación a un power trio. Valentina asumió la responsabilidad de llevar a cabo la guitarra en soledad. Además, este capítulo estuvo marcado por la presentación como teloneras de La Renga en el Estadio de Vélez Sarsfield, en el marco de una movida para fomentar la movida under luego de la tragedia de Cromañon.

¿Cómo fue la experiencia de tocar en Vélez?
S: Invitamos a unos amigos que traían gente a tocar con nosotras en Vélez… (risas) Vos te reís pero hubo una banda que tocó ese día que puso en los afiches “(nombre de la banda) en Vélez” y en un costado “Junto a La Renga” chiquitito… Ese no es el código de Q’ Acelga por lo menos. 

V: Justo había pasado lo de Cromañon, entonces esa fue una movida que armó La Renga para
invitar bandas a que toquen y por suerte estuvimos invitadas. Todas las bandas tuvimos las mismas condiciones, horario a sorteo, todo muy prolijo. Nos trataron muy bien, fue muy importante para nosotras. 


S: Fue una apuesta a eso. Si bien la idea no era olvidar Cromañon, pero había un abuso de los lugares para tocar. Prácticamente no había y los pocos habilitados eran carísimos.

Pasaron 8 años y sigue habiendo muy pocos lugares para tocar… 
S: Si, inclusive vuelve a haber lugares en los que las condiciones tampoco son buenas a nivel
seguridad. Parece que se vuelven a cometer los mismos errores. Ni siquiera pareciera que se tomó conciencia, hay lugares que están habilitados no sé cómo. 


V: Y encima se abusan de las bandas cobrándoles un montón de plata.

Concepto musical y el largo camino discográfico 

Con el formato de trío ensamblado y dando frutos, las chicas emprenderían un largo recorrido de grabación, que desembocaría en una trilogía, con su primer parte a la venta en el año 2007.

¿Por qué una trilogía?
S: Patear Juntos fue un disco problemático. La banda tiene una historia de mucho remo con sahumerios en dulce de leche, las cosas nunca nos fueron fáciles. Muchos deben decir que porque está la mujer de Tete… Pero nada que ver. Todo nos costó todos los ovarios que tenemos puestos. Cambiamos varias veces de estudio, nos salió carísimo, hace de cuenta que grabamos tres discos. Entonces dijimos de sacar algo cortito, barato, que a la gente le de vergüenza no comprarlo. Y así fue que lo sacamos en tres partes y con el arte reciclado. 

En ese formato fueron presentando su trabajo de 2007 hasta el 2010, que sale la última parte y material discográfico de la banda. Se destaca en la última entrega, la participación por primera vez de un productor que trabajó a la par de la banda, Pablo Novoa. Este trabajo, tiene la particular de estar íntegramente por covers, como ‘El Juicio Del Ganzo’ de La Renga o ‘El Pibe De Los Astilleros’ de Patricio Rey & Sus Redonditos De Ricota, todos en versión acústica.

Ideología e igualdad de género en el rock 

Las chicas se autodenominan “un trío de minas” y defienden el género a capa y espada. Esto seguramente les haya jugado en contra en más de una oportunidad, pero a fuerza de mucho trabajo han logrado plantarse, homenajeando y siguiendo el ejemplo de grandes mujeres que llevaron adelante la bandera del género para lograr la inclusión de la mujer en todos los ámbitos.

¿Por qué eligieron a “Iglesia Pecadora”, un tema del primer disco, para grabar su primer video? ¿Fue con la intención de presentar de cierta manera la ideología o el rumbo de la banda?
V: Claro, no queríamos que nos conozcan de cualquier manera. 

S: Es difícil eso. Porque es tu carta de presentación. ¿Cómo hacíamos para no caer en las típicas tres minitas? Queríamos que muestre lo que en realidad es la banda. Alguien te viene a ver porque vio el video y le gustó y Q’ Acelga es así. Hay variedad en la lista de temas pero siempre el mensaje que queremos tirar es el mismo y de una forma alegre, apostando a la comunión de la gente, a divertirnos. 

¿Cómo se sienten dentro del rock siendo un trío de mujeres?
V: Bárbaro. Yo me siento muy bien, me gusta. 

¿Notan algún tipo de rechazo o se sintieron discriminadas en algún momento?
S: Cambió mucho. Nosotras hace trece años que tocamos y cuando empezamos, salvo las grosas que marcaron el camino, las cuales homenajeamos, había muy pocas mujeres y ni hablar de una banda íntegramente de mujeres. Que hagan rock under, rock de barrio, en el circuito que estamos nosotras no había prácticamente nadie. Y hoy por hoy hay un montón. Somos fanáticas de las bandas de mujeres, fuimos a ver a un montón, investigamos, nos encantan. Hay pibas ahora que están tocando que podrían ser nuestras hijas.

V: Bueno, Rocío Alvarado, actual bajista de la banda, es una chica de 21 años.

S: Tranquilamente puede ser nuestra hija. Así que al parecer hay una apertura. Al principio había algunas cosas… 

V: Para mí sigue habiendo muchísimo machismo. Por ahí Silvina lo vive de otra manera. Yo, la
verdad es que lo he sufrido. Pero me di cuenta que tenés que laburar, tocar bien y bancártela. 


S: Una vez a Vale, un tipo le dijo “¿Vos querés sonar como Mollo?” y le tocó todos los botones.
Ahora tenemos un equipo, al escenario no se sube nadie. Hemos incorporado a un montón de
gente que se copa con la banda y que está con nosotras, así que ya estamos más resguardadas a ese nivel. Puede que siga pasando, pero nosotras no estamos tan vulnerables. Yo lo que digo que ha cambiado es que hay muchas más bandas de mujeres, entonces están todos más acostumbrados. Al principio la gente venía y me decía que se sorprendía o pensaban que sonábamos como Viudas e Hijas porque era la única referencia. Al haber más mujeres, tanta información, llegan bandas de todos lados, la gente ahora está más acostumbrada. Igual se cierra mucho en el rock, porque, por citar un ejemplo, en el género gótico cantan todas mujeres. 


V: Después lo que les pasa a las bandas de minas es permanecer. Les cuesta mucho. Porque, por ejemplo, Q’ Acelga pasó los dos embarazos de Silvina porque ella se la bancó re bien y siguió tocando. A muchas les pasa que se les empieza a complicar el hecho de tocar, la familia… Después pasa que no es fácil la convivencia. Entre las minas existe otra relación. 

¿Creen que las mujeres tienen que cargar con otras responsabilidades?
S: Para mí la responsabilidad de la mujer ante la vida es diferente. Yo he salido a tocar hasta con contracciones, mi postura es diferente, pero es más complicada la responsabilidad de la mujer que la del hombre en esta sociedad. 

Política +Rock

Entre los años 1976 y 1983, en Argentina se vivió la dictadura militar más perversa de su historia, bajo el nombre de Proceso de Reorganización Nacional. El período se caracterizó por el terrorismo de Estado, la constante violación de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas, el robo sistemático de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad. La familia de Valentina, militaba en el Ejército Revolucionario Del Pueblo, la estructura militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores, y su infancia estuvo marcada por el exilio y la persecución.

Valentina, vos eras muy chica, estuviste exiliada con tu familia en el exterior. Contame tu experiencia.
V: Mis padres eran militantes del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y nos tuvimos que ir a Brasil. Muy parecido a la película “Infancia Clandestina”. De Brasil a Italia, de Italia a España, tratando de zafar. En España viví 4 años, Franco se había muerto hacía poco, fui a una escuela del orto que nos pegaban, era una tortura. Y después nos fuimos a México.

Vos eras muy chica, tenías 8 años en España ¿Vos entendías por qué se mudaban? ¿Sabías qué era lo que pasaba?
V: No, me decían que nos íbamos de vacaciones, y nunca más ves a nadie. Éramos chicos y nos cuidaban. Para mí fue un sueño que terminó cuando volví en el ’84 a Buenos Aires. También me enteré que mis tíos eran desaparecidos en México, más o menos a los 13 años. 

¿Cómo empezaste a tomar todo esto del exilio cuando te empezaste a enterar cuando ya eras adolescente?
V: Fue como todo el tiempo volver a empezar. Haces un amigo y al otro día no lo ves más. Pero bueno, eso me ayudó a renacer de las cenizas todo el tiempo. Tengo ese hábito incorporado. Fue muy duro, pero le veo el costado bueno que me nutrí mucho culturalmente, conocí otros países, gente de todos lados. En mi arte y en mi música yo siento que está. Silvina fue muy importante para mí porque fue la que me ayudó a hacer raíz, después de esa niñez del orto. Para mí 13 años en una banda es un milagro, mi vida fue cada dos años cambio y cambio y cambio… Me ha costado un huevo, porque hay veces que nos queremos matar.

S: Encima tenemos temperamentos importantes… 

V: Eso fue lindo para mí, Q’ Acelga me brindó eso. 

Una vez que volviste, ¿Elegiste venir a vivir acá en Buenos Aires o te hubiera gustado quedarte en otra parte?
V: Volví, tenía que ir a la escuela y casi me suicido porque tenía que usar guardapolvo y medias ¾, se acababan de ir los milicos y yo en México estudie en una escuela re hippie, puro arte, todo copado… Llegué acá y me quería matar. Me quedé 7 años, tuve mi primer banda, Don Jefe, ahí conocí a los chicos de La Renga, militaba, tuve un novio que me dijo una vez “La música o yo” y no dudé en quedarme con la música… Y después volví a México, porque estaba medio deprimida acá y quería ver a mis amigos de México, en año ’90. Ganó Menem las elecciones, estaba deprimida y dije “Me voy de vacaciones” y me quedé 7 años allá. Y volví otra vez para acá. 

El duro camino del underground 

Si bien ahora la banda se encuentra en un momento en el cual llegan a estar “hechos”, los primeros años fueron de poner y poner y poner… El esfuerzo de las chicas por disfrutar de la música las lleva a tener que trabajar en otros ámbitos. Sangre, sudor y lágrimas es lo que cuesta y ellas están dispuestas a pagarlo.

Ninguna de ustedes vive de la música, ¿Cómo sobrellevan eso?
S: Vivimos espiritualmente de la música. Las situaciones de cada una son diferentes. Yo tengo otra profesión que me encanta, trabajo con chicos con capacidades diferentes , tengo un proyecto que se llama “Animarnos” desde la danzaterapia, soy sicomotricista  hace 20 años también, como con la música. Y la verdad es que como armé ahora el proyecto, junté a la persona, la baterista y a la profesión.Entiendo esa necesidad de vivir de la música, en el caso de que la banda demande más tiempo iré regulando el trabajo, pero no es fácil porque para mí son dos pasiones muy fuertes. Por suerte no lo hago por una necesidad económica, sino por una necesidad espiritual, una vocación.Ya te digo, me encantaría vivir de la música, pero tampoco es que haría cualquier cosa, por nada haría cualquier cosa. Mientras uno no pierda ese eje, estaría buenísimo. Por más que tenga necesidades económicas no quiere decir que le afloje a la música y que no me vaya a plantar. 

¿Vos Vale?
V: Yo tengo 5 trabajos. Estoy que no doy más. Realmente yo quisiera tener más tiempo para
ponerme a estudiar música, no tengo otra profesión y siento que tengo que dedicarle más tiempo, siento que necesito comprarme otros equipos, que para sentirme más plena y disfrutar de lo que hago necesito guita. Entonces, si tengo 5 laburos, ¿Cómo carajo hago? Y me agarran ataques, realmente creo que hay que bancársela. Creo que las bandas se tienen que solventar e ir en busca de cada vez crezca más económicamente hablando, porque es un proyecto que nos cuesta un huevo, cada fierrito de la batería sale una fortuna…

Demás está decir que el circuito under en Argentina es duro y muy pocos logran emerger, que la escena misma no ayuda demasiado y que lamentablemente en el siglo XXI el machismo sigue vigente. Pero Q’ Acelga utiliza día a día todos esos obstáculo en combustible. El poder de la verdura es cada vez más grande, y desde +Rock deseamos que continúe en aumento.

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