Una tarde con Soundgarden

Aunque aún alejados de escenarios latinoamericanos, Soundgarden volvió a las canchas con la gira promocional de su reciente disco por Estados Unidos. Estuvimos en uno de sus shows y te contamos qué traen de nuevo los sonidos (en vivo) del jardín.


En uno de los regresos más esperados del purismo grunge de los noventa y enmarcado en la gira norteamericana de su último disco King Animal (2013, Universal Republic), los legendarios Soundgarden tocaron suelo californiano durante el mes de febrero. La cita en formato doble, tomó lugar los días 12 y 13, en el reluciente Fox Oakland Theater de las cuales tuve la oportunidad de asistir a la primera.

Convengamos que siendo mi primera reseña desde Estados Unidos, notaré algunas diferencias entre la audiencia norteamericana y el mejor público del mundo, el chileno (siempre es así, ¿no?). Es así como la primera sorpresa es la rica y delicada arquitectura del recinto, particular contraste con la fuerza de la costumbre. A su vez el aforo del recinto, que me parece que no eran más 3.500 personas, era la invitación perfecta para mantener un carácter íntimo, de reencuentro y re-descubrimiento de los veteranos de Seattle. Y no sólo con su público, sino con ellos mismos. Como curiosidad, el teatro conectaba directamente con un bar que se presentaba como un panorama suficientemente atractivo por sí solo.

En este contexto, lo que vi fue un lo que todo seguidor de la banda reconocería como un ladrillo, pesado y directo, de más de dos horas de duración y que hizo temblar la vieja construcción de aires orientales.

Cuando el reloj marcaba más de las 20:30 y con un leve atraso, aparece la banda con la última formación antes de su receso, Ben, Matt, Kim y, por supuesto, Chris; sobre el escenario donde la noche se volvió verde y la nueva estética de la banda inquietaba desde el fondo. El comienzo fue básicamente una muestra de los nuevos clásicos del último álbum, con ‘Worse Dreams’ y ‘Been Away Too Long’ abriendo los fuegos y contagiando a un público tibio, distante y diferente a la locura que uno esperaría en las tierras del sur. Sin embargo, el ambiente dejaba en claro que los nuevos himnos sonaban propios, una renovación de la banda sin perder su identidad, unos clásicos venideros. Luego, bastó dejar caer un clásico para que la multitud en su diversidad etárea comenzará a cabecear y ‘moshear’ con ‘My Wave’. El sonido en cancha era demoledor y la gente comenzaba a ser parte del espectáculo. Cerrando la introducción del nuevo material, ‘By Crooked Steps’ y ‘Attrition’ tuvieron directa respuesta y una correctísima interpretación.

A este momento, reconozco con sorpresa la actitud de Cornell, cuya presentación se notaba reposada en exceso, pudiendo interpretarse como frialdad. Contraste con Sheperd que derrochaba entusiasmo, y se mostraba en comunión con la creciente efervescencia de la audiencia.

Posteriormente, un bloque directamente de los noventas que aclaró cualquier duda: ‘Spoonman’, ‘Jesus Christ Pose’, ‘Flower’, ‘Outshined’, ‘Nothing To Say’, ‘Hunted Down’ y ‘Ty Cobb’, y la fiesta estaba desatada. La intensidad en la batería de Cameron lo mostraban en su espléndida esencia, manejando tiempo y ritmo de manera única, dejando caer cada golpe seco y preciso, contundente. Por su parte, Tayil muy en su estilo y con su inconfundible sombrero, ensimismado en su guitarra, y en constante diálogo con gente del staff, parecía disfrutar del goce colectivo, esbozando sonrisas a sus seguidores.

A esta altura del show, a muchos parecía haberle afectado el entusiasmo inicial y su respuesta física los mantenía en una actitud contemplativa. Un set mixto mantenía la intensidad de los más jóvenes y a los otros ayudaba a recuperar el aliento para seguir. ‘Non-State Actor’, ‘Tighter & Tighter’, ‘Eyelid’s Mouth’, ‘Pretty Noose’, ‘Burden In My Hand’, ‘A Thousand Days Before’, ‘Blow Up The Outside World’, ‘Fell On Black Days’, ‘Live To Rise’ y ‘Like Suicide’, donde Cornell destacó alcanzando tonos altos e invitando a todos a cantar las canciones más populares, al avasallador ritmo de una máquina muy bien aceitada e impecable en la ejecución.

Finalmente, la clásica ‘Black Hole Sun’ abre los fuegos luego de la pausa y el teatro parece venirse abajo, como si fuese el himno del fin. ‘Mailman’, ‘Hands All Over’, ‘Superunknown’ y la notable ‘Rusty Cage’ cierra el setlist de una noche que deja a todos noqueados y felices, ansiosos de repetir cada una de las canciones en nuestro camino a casa, con la cabeza aguda y repleta de los riffs que nos traen de vuelta ese recuerdo que se hace vigente, con una reunión que se hace prolífica y nos trae de vuelta a una de las grandes bandas que dejó la movida grunge de Seattle.

[Más fotografías en la galería de MercuryNews]

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