Tres años de Lollapalooza

En el 2011, un montón de amantes de la música quedamos atónitos con el arribo de Lollapalooza a Chile. A 3 años de la realización de este colosal evento, nos preguntamos: ¿cuáles serán las lecciones que trajo consigo el arribo de este festival?


Hace cinco años atrás, ni el melómano más optimista se podría haber imaginado que este 2013 albergaría la tercera versión de Lollapalooza Chile. Más allá de las bandas que lo han encabezado, gran parte de nuestra corta pero intensa experiencia de conciertos cambió. Y para bien

Salvo algunas notables excepciones en el pasado -como el Crazy Rock en 1996 que trajo a Chile a Nick Cave & The Bad Seeds-, los pocos festivales de música que se han dado en el país no se han atrevido a apostar musicalmente y se aseguran un cartel ocupado sólo con bandas populares e, idealmente, transversales. Además, la nula preocupación por crear un concepto no los hace durar más allá de un par de versiones. Hasta que el avisaje los separe. 
Cuando Perry Farrell anunció en 2010 que al año siguiente haría en Chile su primera aventura por internacionalizar su famoso festival, acá creció una gran incertidumbre. Los pocos que habían escuchado hablar de Lollapalooza no entendían qué sería lo que llegaría de ese festival a Chile. Pero el 2 y 3 de abril del 2011 vimos nacer a uno de los más grandes eventos musicales que se han realizado en el país.


Independiente del concepto ecológico y del gusto que cada uno tenga por las bandas, Lollapalooza nos bendijo con la maravillosa obligación de descubrir nueva música, una tarea perdida hace mucho años. Grupos sin ninguna rotación radial no sólo se ganaban la aprobación del público, sino que también las voces de cientos de chilen@s que coreaban las canciones de The National, The Flamming Lips, TV On The Radio o Band Of Horses, entre muchos otros debutantes en este aislado rincón del mundo. 
Compartir previamente el disco de alguna de las tantas bandas desconocidas de la siguiente versión del festival es un ejercicio que puede convertirse en una experiencia única que marcará tu vida en tan sólo 45 minutos. La dinámica es estar preparados.

Cómo olvidar, por ejemplo, la euforia que desató Friendly Fire bajo 35 grados de calor, la honestidad sonora de The National, la estrecha conexión que se armó entre unos desconocidos Cage The Elephant y el público que les exigió volver hasta el cansancio, entre muchos otros valiosos recuerdos. 

Lollapalooza ha puesto un sustentable valor agregado que trasciende al interés por las bandas cabeceras y que ningún otro festival ha conseguido en Chile. El desafío de encontrar esa otra banda que te vuele la cabeza puede ser tan sorprendente como ver a uno de los shows centrales.

Siempre es un agrado que vengan músicos como Pearl Jam, Foo Fighters o Björk, pero desde el 2011 también esperamos a Kaiser Chiefs, Devendra Banhart, Alabama Shakes y hasta 31 Minutos. Después de todo, de eso se trata la música, ¿no?.

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