Los Prisioneros: rock en la Quinta

En el 2003, Los Prisioneros dejaban caer su música sobre la Quinta Vergara, cargados de una expectativa en el ambiente debido al tiempo transcurrido sin pisar el (otrora) escenario de música popular más importante de Chile y Latinoamérica, por la realización del Festival de Viña del Mar. Las ironías del destino habían hecho que los tres prisioneros nunca se hubiesen presentados juntos en la Quinta. Personalmente, creo que el miedo de la organización por los dichos de González sobre el Festival -y teniendo como referencia lo ocurrido con su presentación en la Teletón 2002- fueron siempre más fuertes que las ansias de los fans y seguidores de la música que vociferábamos con todas nuestras fuerza su presencia.

Ya una vez arriba, se sabía que Los Prisioneros harían de las suyas, y en la etapa que está este país, seria mal visto hacer gala de una censura solapada. Por tanto, la posibilidad de cortar el show era inviable, y para regocijo de todos los que esperamos que en un escenario artístico como el de Viña todas las expresiones políticas y culturales tengan cabida, esto no ocurrió.

Y desde el primer momento entraron con todo, con la furia que los transformó en leyenda. El vocalista, motivado y transgresor, entró dando el primer puñetazo: «¡A ver esa pifia! Toda la Quinta pifiando, vamos. ¡La pifia, más fuerte! ¡Queremos pifias!», dijo irónicamente y se echó la concurrencia al bolsillo.

Durante el desarrollo del show, la postura grupal fue la esperada: poca conectividad visual. Prácticamente no se miraban en el escenario, algo que no es relevante, puesto que, salvo excepciones, la conexión musical entre ellos sigue existiendo. Ya al comienzo con ‘Sexo’, González hacía gala de su ironía habitual refiriéndose al cura del Canal 13, que cual dios terrenal trata de direccionar la vida de los demás con opiniones fundamentadas en su religiosidad, alejada del contexto mundo y sociedad al cual a diario los seres humanos estamos expuestos.
El curita con el sermón
En el canal de la televisión
Luego la propaganda del celular
Con la mina con el poto al aire.

El curita con la censura
En cierto canal de televisión
Luego las minas con las tetas operadas
Con la propaganda de cerveza.

El señor que no puede hacer
La propaganda del condón
El parece que quiere que todo el mundo
Muera de SIDA.

El curita con el sermón (sexo).
El curita con el sermón (sexo).
El manso culo en la televisión (sexo).

El curita con las palabras al cierre
El curita hablando de amor de Jesús
Pero cuando torturan y matan
Se queda callado.

Puesto que los que mataron
Eran comunistas anticristianos.
Puesto que a quienes torturaron
Tenían vacías de armas las manos.
Y con toda esa tortura
Su canal, los bolsillos se llenaron.
Con ‘Quieren Dinero’, Jorge se expresó con respecto a la situación mundial del momento: el bombardeo de EE.UU. a Irak, diciendo a los cuatro vientos lo que los medios de comunicación no dicen. Ya a estas alturas agradecíamos el panorama, era lo que se esperaba de Los Prisioneros, que ocuparon la tribuna que en bandeja se les entregaba. A estas alturas del partido, nada podía hacer la organización del certamen para suavizar la situación.

Para los más observadores, parecía que cuando vino el turno de ‘Paramar’, González señala a Narea como dedicándosela, pero pensándolo mejor, con una mirada menos farandulera, menos fantástica y más conciliadora, creo que lo señala porque el comienzo de la canción comienza con los riff de Claudio, el gesto de González para los más optimistas es entonces de pleitesía para con su compañero. Así, luego parte con la furiosa ‘¿Por Qué No Se Van?’.

Cuando suena ‘We Are Sudamerican Rockers’, y recordamos que Los Prisioneros son una banda nacida del esfuerzo, por acá, cerquita de mi casa en San Miguel, cerca también de la casa donde murió Miguel Henríquez y mantenida sin la pirotecnia gringa, sin presupuestos de sellos transnacionales. Ellos, se abren paso en el mercado musical, y yo creo que muchos agradecemos ese sonido poco prolijo, con mas actitud que talento, pero que llena el alma y la mente de los que pensamos que el rock debe por misión ir más allá y que, por lo tanto, debe ser reflejo de las anomalías de nuestra sociedad.

‘Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De EE.UU.’ es otra excusa más para que el Subcomandante González vocifere contra lo que no le parece. Acá, cambia a su antojo la letra de la canción para disparar en contra los yanquis:

El Ejército de los Estados Unidos
Dice que hay que ir a la guerra
Toda Latinoamérica le chupa el miembro
Y está dispuesta a avalar esa matanza
Para que los mismos yankees nos vendan
El petróleo, a precios de alza.

George Bush dice que hay que matar a los árabes
¡Puesto que tienen las reservas de petróleo más grandes!
Y las necesita, porque él, precisamente, es un tejano
Millonario y dueño de una petrolera.

Y Latinoamérica dice que sí (¡NO!, grita el público)
«Vamos a la guerra», que sí (¡NO!)
«Que invadan las fronteras», que sí (¡NO!)
«Que asesinen a niños y a mujeres», que sí (¡NO!)

El periódico está feliz, la tele está feliz
El noticiario está feliz, todo el mundo está feliz.

Van a tener las noticias de la masacre en directo
Van a vender diarios, noticias, con los bombardeos
Y se pondrán del lado del más fuerte, una vez más
Como lo hicieron en aquellos años de la dictadura.

El periódico dice que es muy patriota
Pero entrega todo a los gringos que nos ven las pelotas.

Yo quiero al hermano argentino
Yo amo al boliviano
Yo adoro al peruano
Y si alguien tiene un problema con eso
Bien puede lamerme el ano.

Luego de esta metralleta de declaraciones, fue turno de cantar para el público con la más nostálgica canción de viaje: ‘Tren Al Sur’, del fabuloso Corazones, que coreó toda la Quinta sin excepción alguna.

Era el turno de ‘Lo Estamos Pasando Muy Bien’, y se notó la distancia emocional de los integrantes; florece toda la descordinación de un grupo que se reúne sólo para ciertas ocasiones, pero también florece la imperfección del punk, y vuelvo a agradecer lo desprolijo del show en vivo. Todo da un giro en 360º y como si estuviese programado salta ‘¿Quién Mató A Marilyn?’. Sólo para mostrar el escenario y la tecnología de las nuevas instalaciones de la Quinta Vergara, el público canta, grita y disfruta cada minuto que pasa.

De pronto, se silencia todo, se minimiza la iluminación del escenario y con esto se viene un momento especial (dentro de los tantos que hubieron), comienza Jorge González a entonar ‘Estrechez De Corazón’, dedicada completamente a Claudia Carvajal, la ex-esposa de Claudio Narea. La cámara se queda con el rostro del guitarrista de la banda y pareciese que éste toca con el corazón en la mano, como remontándose a aquel año 1989 en donde golpeó con tanta fuerza a su compañero de banda tras la traición, que según sus mismas palabras: “ fue el golpe más fuerte que he dado en mi vida”. Mientras tanto, Jorge del otro lado canta con el alma, y alarga cada estribillo con tal pasión que pareciese que Claudia es los 25.000 espectadores que en frente tiene. Tal canción sólo podía salir de un conflicto emocional de este tipo, de una sensibilidad extrema y una mentalidad a veces neurótica.

Los Prisioneros siguen con uno de los clásicos del Pateando Piedras, ‘El Baile De Los Que Sobran’, dejando de manifiesto que, al fin y al cabo, la posición social condiciona muchas cosas en este país y que la falta de educación, en la mayoría de los casos, no es un factor regulador de estas desigualdades.

Pasa un tiempo, reciben «la Gaviota», y se escucha una de las mejores canciones de rock de todos los tiempos: ‘No Necesitamos Banderas’. Suena como un himno, como en todos estos años, y Jorge González con su bajo tocado con rabia y feroz dedicación, grita «¡¡NOOOOOOOOO!!» para terminar la estrofa, y se manda un discurso de aquellos, en donde recalca la necesidad de manifestarse en contra de las guerras y abusos y, por sobre todo, la necesidad cierta de hacer de América Latina un pueblo más unido y más hermano, y por ende más fuerte, en el buen sentido de la palabra, claro está.

Esa canción tan conocida que dice “porque dios así lo quiso, porque dios también es hombre” –‘Corazones Rojos’- pone la cuota de reticencia dentro del público femenino, pero que es borrada de sopetón con ‘Pa Pa Pa’, donde todos bailan y celebran. Canción que también sirvió para que, por primera vez, Jorge con Claudio dieran algún atisbo de unidad grupal y se juntaran en el centro del escenario, esta era la primera alerta de que el show pronto acabaría.

‘La Voz De Los 80’ es la última canción del espectáculo. Sirvió para reafirmar que el rock como tendencia cultural sigue latente y vigente. Las canciones de Los Prisioneros perfectamente podrían ser de un grupo de rock de comienzos de siglo. En 90 minutos, aproximadamente, los sanmiguelinos se pasearon por temas de actualidad nacional e internacional, utilizaron las mismas canciones que los llevaron al estatus de próceres hace ya varios años, para reafirmarnos que el rock siempre seguirá vivo, porque es música con contenido social, lo que sustenta cualquier validez en el tiempo, no sólo para la propia música, sino para todos los seguidores del rock que esperamos en las melodías y letras encontrar las traducción a ese malestar general que nos aqueja y del cual poco hacemos para aliviar.

Los Prisioneros, desafiantes como siempre, cumplían su promesa y daban un nuevo paso en su trayectoria. Y hacían historia. Como nadie en aquel Festival de Viña 2003.

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