Qué pasa con el Rock nacional?

La cultura rockera que gozamos, o padecemos según sea el caso, está fundamentalmente construida sobre fundaciones históricas, más que por memoria. La diferencia entre estos dos conceptos, se establece sobre la idea de que la memoria está viva, la historia es una narración, sobre la cuál hay un punto de vista.

Bueno, siendo hijos de una dictadura todavía presente, es de esperarse que la cultura en general, y sobretodo la que fue producida durante los últimos 40 años, sea distribuida a la gente preformateada, y con el colador de los “designados” para las tareas de filtro.

Todo lo anterior, viene a sostener mi tésis, sobre la idea de que el rock del que podemos hablar en cualquier esquina, es aquel “pre-aprobado”, tanto por el mercado, como por los gurús de los medios, y que gozó de la difusión asociada a las cateogorías que se establecieron.

Si Usted no entiende de qué estoy hablando, se lo explico en otros términos: “el rock que usted conoce, lo conoce más por un esfuerzo de los sellos que han decidido quiénes son importantes y quiénes no, y por los medios que han decidido “solidariamente” difundirlos, en virtud de la prioridad que los sellos le dieron, y bajo la premisa de la “compatibilidad” con el modelo”.

Suena grave, pero pregúntese por qué somos tan conocedores del rock gringo y tan ignorantes del rock nacional. O mejor aún, paséese por el dial, y verifique cuántas veces se repite una misma canción entre el extremo izquierdo y el derecho de su sintonizador.

No se pueden cerrar los ojos a esfuerzos del tipo “radio uno”, pero tampoco hace falta muy buena memoria para notar cuánto se repiten los mismos artistas, en el mismo día, y día tras día en su programación, aun cuando raye en lo alternativo al cerrar su programación a “música chilena”.

La rebúsqueda del contenido local, tras el hartazgo de la globalización, ha permitido que excelentes artistas chilenos, alcancen la anhelada popularidad, sin embargo, pareciese todavía que el lugar de privilegio tiene un nivel de reserva muy difícil de sortear.

Respecto de la cultura musical, ese hartazgo trajo un gran despertar, y durante ese despertar, hubo un instante que se prolongó en reverberancias a través de las redes sociales y medios independientes principalmente, que se tradujo en una especie de convite a recordar lo propio, que la farsa del capitalismo globalizador era novocaína de consumo, y no el gran democratizador, y la mirada sobre las redes y la globalidad, se abrió en el ojo de la oportunidad de la tecnología como plataforma para la memoria que el capitalismo no ha logrado borrar.

La nostalgia, como capital de revisión del sistema y su contenido, ha servido, a través del embudo de la falta de identidad cultural local, o su adormecimiento intencionado, y mediante la aceptación de la cultura del consumo como religión, junto a la cercenación el humanismo en las escuelas, para que hoy se active la alarma sobre el olvido de los contenidos locales.

Aunque nunca vayan a volver los almacenes de barrio, después de sufrir la inapelable derrota a manos de los shopping-malls, la mirada ya está de vuelta acá, y no importa si es por pura nostalgia, y para todos quienes quieran posar la mirada ahí (en la nostalgia), hoy nos podemos fijar en ahora y en “acá”, con acá como Chile, Santiago, Talca o Ñuñoa. Lo que nos cabe, a disfrutarla, porque hay mucho arte aquí mismo, en el primer piso, en la cuadra del lado, en la esquina, esperando que se abran las orejas y la mente, para dejar de comprarle tanto al merchandising trasnacional, pensando que lo único valioso sólo de ahí proviene.

Bajo estas premisas, se agradece que la música nacional se reconsidere, sea por un sentido de arqueología, o por el de vanguardia. Incluso con aquellos nefastos intentos de imitación en los que pueden incurrir varios de los artistas del “main-stream chilensis”, la oportunidad está abierta… Y que cada quien sepa abrirse espacio, porque la hora del rock chileno es ahora.

Chileno by Fernando Lobos on Grooveshark

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