Los Sicodélicos: eslabón folclórico del rock

Mediados de los ’60, la fiebre del rock anglo arribaba al puerto de Valparaíso. Es en la quinta región, donde un grupo de jóvenes músicos forman la primera banda que mezclará los acordes beat con la música de raíz folclórica. En nuestra sección “kiosco”: la historia de Los Sicodélicos.


Nadie fusionó instrumentos rockeros con charango y quena antes que este grupo de Quilpué entre 1966 y 1968, según el autor de su reciente biografía, Claudio Gajardo Cornejo. «No creo que en Chile haya existido una banda de adolescentes con un futuro tan prometedor como ellos. Claro, a excepción, de Los Prisioneros», dice el autor.
En julio de 2002, Claudio Gajardo Cornejo era un estudiante del Magíster en Artes con mención en Musicología en la Universidad de Chile, se dedicaba a una exploración del rock chileno de los años ’60 y recuerda haber mostrado a un profesor de música ciertos recortes de prensa de grupos de la época, entre ellos la nota de un cuarteto llamado Los Sicodélicos, publicada en la revista Ritmo el 2 de enero de 1968. También recuerda la reacción de su interlocutor.
Pero qué cambiado el Pancho Sazo -dijo el profesor.
Fue cuando Gajardo supo que el cantante de esa banda juvenil era Francisco Sazo, el mismo hombre que integra hasta hoy Congreso y que acaba de conmemorar cuarenta años de recorrido con ese grupo sumados a un flamante disco, Con Los Ojos En La Calle (2010). «Se me abrieron los ojos de pura confusión, pues no entendía cómo un integrante de una desaparecida banda, que cantaba en inglés, podía ser el mismo que integraba un grupo de rock progresivo con problemáticas latinoamericanas», recuerda Gajardo. En el mismo 2002, inició una investigación sobre esa banda, a partir de la cual ahora, siete años más tarde, ha publicado su primer libro: Sólo Tu Nombre Puede Cortar Las Flores: la biografía de Los Sicodélicos».
The Growlings, en el Parque Cousiño en 1966
Se llamaban The Growlings cuando sugieron en Quilpué, en 1966. Ganaron ese año un Festival del Cantar Liceano organizado por el Ministerio de Educación en el Parque Cousiño de la capital; grabaron el single ‘For Your Love / Train To Dover’ (1967) y el LP Sicodelirium (1967) y estrenaron una ‘Misa Para Gente Joven» (1968) en Valparaíso. Eran Leslie George Needham (voz, guitarra y composición), Waldo Morales (voz y guitarra), Francisco Sazo (voz, bajo y letras) y tres bateristas seguidos: Sergio Alvial en el single, Alfonso Choche Valdés en el LP y Juan Carlos Saphores en la «Misa». Y fue su manager, Mario Marín, quien los bautizó como Los Sicodélicos, los hizo grabar y motivó lo que el autor del libro llamará en adelante su «hibridismo instrumental», la mezcla de instrumentos eléctricos y folclóricos que se oye en Sicodelirium. El grupo se disolvió en diciembre de 1968, cuando Needham se unió a los Testigos de Jehová.
El libro de Gajardo Cornejo surge de su tesis para el citado magíster y es el resultado de siete años de tarea desde 2002, cuando se inició como alumno de ese posgrado, hasta su defensa del trabajo en abril de 2009. La sección de revistas de la Biblioteca Nacional y libros previos como Frutos Del País (1994), de Tito Escárate, y La Primavera Terrestre: cartografía del rock chileno y la Nueva Canción Chilena (2003), de Fabio Salas, fueron algunas de sus fuentes escritas. Y en el libro recoge los testimonios de gente como el citado manager Mario Marín, Charles Needman, padre de uno de los músicos y fabricante de instrumentos para la banda; Luciano Tarifeño, productor del programa de TV «Go-In-Go» en el que el grupo actuó en 1968; y las entrevistas con tres de los cuatro Sicodélicos originales: Leslie Needham, Waldo Morales y Francisco Sazo.
El autor recuerda en particular la primera de esas conversaciones, con el propio Sazo, en noviembre de 2002. «Me desconcertaron sus respuestas escuetas con relación a Los Sicodélicos», dice. «Respondía muy poco, muy vagamente y con alusiones irónicas de su ex grupo hasta rebajarlo a conjuntos de moda como Axé Bahía. Me señaló que lo único bueno de Sicodelirium fue la interpretación de Waldo Morales en el cover ‘For Your Love’, aunque, sí, habló de una misa rock que habían tocado en Valparaíso, pero sin más detalles. Por lo tanto, pese a la subestimación de Sazo hacia su grupo, me incliné a investigar la biografía de éstos, pues me llamaron la atención las minimizadas palabras de su ex bajista».
Beat, progresivo, psicodélico y chileno
-En el libro escribes sobre el «beat», como un tipo de música. ¿Qué es el «beat», para empezar?
-Conceptualizo la música beat como un estilo proveniente de la música popular que emergió de Liverpool, Inglaterra, a comienzos de la década del ’60. Aunque deriva del rock n’ roll estadounidense, las bandas liverpoolianas le otorgaron un sonido más agresivo y más rápido. Las voces armoniosas también son claves en esta corriente, cuando el solista es acompañado vocalmente por sus músicos. Las canciones raramente duraron más allá de dos minutos y medio. Los grupos que más desarrollaron este estilo fueron The Beatles, The Kinks y The Easybeats, entre otros.
-Y a partir de ahí usas definiciones como «beat chileno» y «beat progresivo-psicodélico chileno». ¿Qué corrientes son esas? ¿Qué las distingue entre sí?
-En el caso del beat chileno debo previamente reivindicar que el creador de dicho término fue Fabio Salas en su libro «La Primavera Terrestre» (2003). Mi definición guarda relación con un conjunto de bandas que se inclinaron por la música beat, una corriente musical que deriva de bandas inglesas como The Beatles en sus primeros discos, The Shadows, The Searchers, Gerry & The Pacemakers, The Kinks, The Zombies, entre otras, apostando en su mayoría más a la interpretación de éxitos angloamericanos que a la creatividad musical.

-¿Qué músicos correspondían a eso en Chile?
-Referentes de este estrato se encuentran en Don Giovanni y Los Dolcevitos, Edgar y Los Vikings, Los Sheiks, The Beatniks, Los Larks, Los Escaramujos, The Apparition o Los Picapiedras. Gran parte de estos grupos criollos cuidaron muy bien que sus vestimentas y peinados fueran afines al movimiento homónimo de los países anglosajones. El grueso de estas bandas fijó su permanencia en el mercado musical nacional más por razones comerciales y publicitarias que por empatizar con el referido movimiento, con el objetivo de acaparar atención mediática que les llevaría a encontrar mayor cantidad de consumidores de discos, así como más público para sus recitales.
-¿Y «beat progresivo-psicodélico chileno»?
-En cambio el beat progresivo-psicodélico chileno fue aquel estilo musical que amplió un sonido beat más evolucionado cuando se cohesionó con el folk-rock, la psicodelia y el garage. Si bien no todos los grupos como los magníficos Vidrios Quebrados y, en última instancia, Los Jockers se acercaron explícitamente a la psicodelia como los mismos Mac’s y Beat 4, o al «hibridismo instrumental» de Los Sicodélicos, sí al menos Los Jockers expresaron un progreso en ciertas piezas con elementos rockeros muy adelantados para el medio musical nacional, que se reflejaron en su mejor long play, Record: Una nueva sociedad. Dichas agrupaciones exhibieron una aceptada calidad en sus discos y shows, con muy poco que envidiar a ciertas bandas angloamericanas contemporáneas. Otra banda muy interesante que cabe en este estrato son Los Ángeles Salvajes, que grabaron dos singles, vale decir cuatro piezas originales para el Sello Odeón, y que según el citado libro de Fabio Salas eran oriundos de la Quinta Región.
Un extraño escalofrío: el cambio de folio
-¿Llegaste a Los Sicodélicos después de conocer a grupos más nombrados de la época? ¿Qué te llamó la atención en ellos por sobre otros como Los Mac’s, Los Jockers, Los Vidrios Quebrados, Beat 4, Los Sonny’s, Los Larks, Sacros, Escombros o Aguaturbia, por ejemplo?
-Cuando escuché el disco Sicodelirium sentí un extraño escalofrío, pues si bien era un sonido de afuera, también era de adentro. Con el «hibridismo instrumental» comprendí que Los Sicodélicos eran un grupo más sui géneris que el resto de los conjuntos que citas, aunque soy un real admirador de todos los que nombraste.
«Para comprender la historia de Congreso, primero hay que entender a Los Sicodélicos, ya que la disolución de este conjunto permitió el nacimiento del anterior», dices. ¿La herencia de Los Sicodélicos en Congreso consiste en ese antecedente cronológico y esa fusión de instrumentos, o también se nota en otras cosas?
-Los registros del mestizaje, fusión o «hibridismo instrumental» de su único long play son algo que posteriormente Congreso continuará, aunque con un tinte latinoamericano. La «Misa Para Gente Joven» sería también una antecedente para que Congreso plasme su «Misa De Los Andes» en los años ’70 -explica el autor, y la historia de ambos grupos también está entrelazada. Luego de que Needham abandonara a Los Sicodélicos en 1968, al año siguiente Pancho Sazo y Waldo Morales fueron invitados por Los Masters, otro conjunto de Quilpué de música instrumental donde tocaban los hermanos Fernando, Patricio y Sergio Tilo González, todos futuros integrantes de Congreso.
«Eran los admiradores número uno de Los Sicodélicos y veían en Sazo y Morales a una ‘dupla dinamita’ que la podía seguir ‘rompiendo’ en Los Masters», dice Gajardo. «Poco después esta banda pasó a constituirse en Congreso, cuando se convencieron de que serían los responsables de continuar el legado y los cambios musicales-sociales de Los Sicodélicos, como el ‘hibridismo instrumental'».
Pero sólo Pancho Sazo permaneció en Congreso, como es sabido. «Al poco tiempo Morales se retira, pues se quedó ‘pegado’ con la onda beat-psicodélica y no encajó musicalmente con las problemáticas latinoamericanas que Congreso quería experimentar. Para muchos, Morales gozaba de una técnica vocal bien cuidada y educada que superaba a muchos vocalistas chilenos de la época, incluso al mismo Sazo. Por todo lo dicho, declaro y sostengo fehacientemente que Los Sicodélicos no deben nada a Congreso, sino más bien Congreso debe todo a Los Sicodélicos y, en segundo término, a Los Masters».
De andino a mapuche con rock
Cascahuillas, trompe, ocarina, charango y quena: esos son los cinco instrumentos tradicionales que Los Sicodélicos hacen sonar en Sicodelirium, tocados por el músico invitado Erich Bulling junto a las guitarras y bajos eléctricos y a la batería del grupo. «Es el comienzo del «hibridismo instrumental» que se adelanta a las futuras propuestas de Congreso, Los Jaivas y los Blops», sostiene el autor.
-Una de las ideas del libro es que ese «hibridismo instrumental» es un antecedente de lo que llamas «rock progresivo chileno del ’70», que asocias a Congreso, los Blops y Los Jaivas. ¿Hubo otros seguidores del rock progresivo en Chile que continuaran esa línea?
-Claro. Simultáneamente a esos grupos Víctor Jara realiza un «hibridismo musical» cuando fusiona su folk con el rock de los Blops en el long play El derecho de vivir en paz (1972). Me da la impresión de que este prócer de la música popular chilena quiso emular la visión de Bob Dylan cuando se hizo acompañar por la banda canadiense The Band e hizo eléctricas sus piezas musicales desde 1965. Por supuesto Víctor Jara lo logró con maestría y fue un gran trabajo en equipo con los Blops. Un caso posterior que me llamó la atención es el de la agrupación Malalche que integró el «Tavo» (Simón Aliste), dueño de la legendaria Disquería Beat de calle San Diego, cuando realizó un «hibridismo musical» a principios de los años ’80. Asimismo existen otras «bandas chilenas de exportación» que van por este camino, como Entrama, Huaika o la desaparecida banda La Comarca -concluye, a propósito de un grupo con varios de cuyos integrantes compartió aulas en la Universidad de Chile a fines de los años ’90.
-¿Te llama la atención el hecho de que los Sicodélicos fueran pioneros en incorporar elementos del folclor a los instrumentos del rock, pero que al mismo tiempo escribieran sus canciones en inglés, como los grupos de la época que querían copiar el rock anglosajón?
-La impresión que tengo de Los Sicodélicos es que sentían que no estaban en Chile, sino que eran más bien un grupo angloamericano más «de paso» por nuestro país. Era una banda de adolescentes soñadores muy disciplinados que querían grabar un long play. En su libro «Frutos Del País», Tito Escárate no comparte que Sicodelirium suene auténticamente chileno, como pretende Mario Marín en la contraportada del álbum, y tiene mucha razón. Si bien este mestizaje para muchos resulta tímido y no integral, porque se graba en inglés en Chile, lo cierto es que tampoco suena auténticamente anglosajón, porque los instrumentos autóctonos-mapuches no son parte de la orquesta básica del rock. Por tal razón es un disco original y muy apetecido hoy en el mercado internacional, porque tiene un sonido beat muy híbrido.
Psicodelia a la hora de la misa
Gajardo Cornejo consigna que Los Sicodélicos tuvieron una buena presencia en la prensa de su tiempo, en radios como Santiago y Porteña y en los tres canales de la época: UCV Televisión, Canal 13 y Canal 9 de la Universidad de Chile. Tocaron en balnearios, discotheques, colegios, liceos, festivales, universidades y en el preámbulo del Festival de la Canción de Viña del Mar ante treinta mil espectadores en febrero de 1968.
«Eran tan famosos como Los Jockers, aunque en versión adolescente. Los Sicodélicos fueron muy asombrosos y no creo que, en Chile, haya existido una banda de adolescentes con un futuro tan prometedor como ellos. Claro, a excepción, de Los Prisioneros» -compara el autor. Y la referencia más significativa de ese alcance es la actuación del grupo en el programa «Go-In-Go» (1968) en UCV Televisión, que dirigía el periodista Orlando Walter Muñoz.
«Recuerdo a (Luciano) Tarifeño (productor del programa y entrevistado en el libro) emocionado cuando me contó cómo se hicieron los capítulos, casi con los mínimos recursos para emular al ‘Show de Los Monkees’. El objetivo era ver a Los Sicodélicos cantando, animando, haciendo payasadas dentro de un contexto beat. Nótese que el grupo cantaba y tocaba en vivo, para una época televisiva chilena en que era difícil de lograrlo, pues se necesitaba que los sonidistas tuvieran mucha precisión para cablear los micrófonos. Las escenas se realizaron dentro y fuera del estudio, con Los Sicodélicos como protagonistas y unos «chicos malos» como antagonistas que aportillaban sus presentaciones. El mismo Tarifeño me dijo que el canal no conservó ninguna de aquellas cintas. Estoy solicitando al noticiero de UCV Televisión que me ayuden a hacer un buen reportaje de este programa. No he tenido respuesta pero no pierdo las esperanzas, pues es patrimonio histórico de la televisión chilena».
Orlando Walter Muñoz, el director de ese programa, es también el autor de la «Misa Para Gente Joven» que el grupo montó en 1968, y Gajardo Cornejo consigna dos antecedentes al respecto. Uno es cierta «Misa De Los Jóvenes» compuesta por el italiano Marcelo Giombini y estrenada por grupos de nombres Angel y The Brains, Los Topetudos y Los Birretes el 26 de abril de 1966 en una iglesia de San Felipe Neri, Italia. Y otro es la Missae en F menor de David Axelroad con el grupo psicodélico estaodunidense The Electric Prunes, lanzada en enero de 1968. «No sé si exista una influencia explícita de la misa de The Electric Prunes, una de las bandas americanas mejores evaluadas de la psicodelia mundial. Pero Los Sicodélicos estuvieron al tanto de ella, así como de otros discos de la música psicodélica angloamericana, y ellos y Orlando Walter Muñoz sí sabían que por lo menos a nivel hispanoamericano la ‘Misa para Gente Joven’ era la primera dentro de un formato rock. La obra italiana sería la primera misa rock estrenada en el mundo, y tal vez Orlando Walter Muñoz pudo haberse influenciado. En realidad, todo esto es un misterio».
-Orlando Walter Muñoz también es coautor de «La Muerte De Mi Hermano», la canción más famosa de Los Mac’s. ¿Te llama la atención él, como «hombre de radio», pero cercano a los músicos de rock de la época? 
-Orlando no fue tan sólo «hombre de radio» sino también de televisión, pues trabajó por muchísimos años en UCV TV. Me llamó la atención que le gustara la música rock, siendo él un hombre mayor, pero claro, era un rebelde socialista, ideólogo, creativo y que brindó oportunidades a las bandas rockeras, sintonizando más con Los Mac’s y Los Sicodélicos porque provenían de la Quinta Región. Él mismo indicó en la prensa de la época que había elegido a Los Sicodélicos para musicalizar la «Misa para Gente Joven» pues notó que eran «cabros religiosos» y pacíficos. Y estimo que otras razones fueron que el grupo estaba alejado del escándalo mediático, al revés de Los Jockers, y que otros grupos como Los Vidrios Quebrados estaban ya separados para septiembre de 1968.
«También me llama la atención que en las letras se mezclan contingencias como la Guerra de Vietnam o los problemas políticos-sociales de Colombia», agrega. «Noticias internacionales con las que querían empatizar con la sociedad chilena. Era un llamado a la paz, a que los ‘coléricos’ se hicieran más responsable de sus actos sociales. Por tanto Orlando (Walter Muñoz) invitaba a la juventud chilena a que se convirtieran en socialistas-cristianos por medio de su ‘Misa para Gente Joven’. Sin embargo, esta ‘cualidad ideológica’ fue la que frustró su sueño de que la obra se estrenara en la Catedral de Valparaíso y se insertara en la liturgia católica, pues el organismo eclesiástico leyó muy bien su ideología incorporada».
La «Misa Para Gente Joven» fue presentada en dos escenarios laicos, el gimnasio de la Unión Española y el aula magna de la Universidad Santa María, explica el autor. Empezaba 1968, y ése iba a ser el último año de Los Sicodélicos: en diciembre el grupo terminó, y desde el año siguiente Francisco Sazo iba a iniciar cuarenta años que siguen corriendo hasta hoy a bordo de Congreso. «Pienso que esta obra musical catapultó para siempre el camino ideológico del quinceañero Francisco Sazo, que, según (Waldo) Morales, era el ‘Sicodélico’ que más dimensionaba su futuro como artista y de su papel para nuestra sociedad criolla».
«No voy a descansar hasta que Los Sicodélicos sean hijos ilustres de Quilpué», dijiste también. ¿Ése es tu objetivo ahora?
-Me ha sido muy difícil difundir el tremendo legado de Los Sicodélicos, y falta que el alcalde de turno de Quilpué los condecore como hijos y/o ciudadanos ilustres, aunque me parece que Sazo ya lo es, por el aporte que hizo con Congreso -dice el autor, y menciona en su lista de merecedores del reconcimiento a los seis integrantes del grupo, a Charles Needham, padre de uno de ellos, al manager Mario Marín y a Orlando Walter Muñoz-. Termino mis palabras para pedir al alcalde de Quilpué que me reciba en su oficina y que converse conmigo y lleguemos a un acuerdo. Dios quiera que así sea.
[Artículo original de David Ponce para La Música Emol, publicado el 17.02.11]

Anexos:
– «Sólo Tu Nombre Puede Cortar Las Flores: la biografía de Los Sicodélicos», de Claudio Gajardodescarga directa
Los Sicodélicos en la historia de Congreso, via grupo-congreso.blogspot.com

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