La receta del éxito

No es que los presentes repararan en ello, pues estaban entretenidos en hacer lo que hace todo grupo de adolescentes en una fiesta, beber y alternar con los demás. Lo más sorprendente, con mucho, del concierto fue que el público no aplaudió al acabar la primera canción. La única persona que parecía entusiasmada era Krist, quien anunció , tal vez para evitar que el crispado ego de Kurt se fracturara.
-Lo único que quiero es un poco de maría de la buena- repuso Krist.
-Verás la maría que te voy a dar como sigas así- le amenazó Ryan. Tocad alguna versión. Lo que sea, pero tocad algo. Estoy harto de veros hacer el memo, hatajo de subnormales. Tontos del culo, eso es lo que sois.

Raymond, Washington, 1987.
Primer concierto de Nirvana para 15 personas. (Cross, 2001)

El problema del underground y la pregunta por los que surgen

Chile es un lugar difícil para emerger musicalmente, y las bandas nuevas deben trabajar muy duro para ganarse un espacio. Pero esto no es cuento nuevo, pasa en todos lados y la gran mayoría de los grandes han pasado por esa etapa. En Chile, muchas veces lo vemos como un problema “cultural” (sea lo que sea que signifique eso), como un mal de la sociedad chilena que valora a priori lo extranjero por sobre lo nacional. Argumentos empíricos sobran para quienes sustentan esta creencia. Por una parte, en el terreno de la identidad existen una serie de tesis que apuntan a la necesidad histórica de nuestro país de “occidentalizarse” (Larraín, 2001) y de autopercibirse como un país civilizado y sofisticado. En términos estrictamente musicales, el boom de las bandas tributo, las diferencias en las ventas y de exposición en las parrillas programáticas radiales de la música internacional (preferentemente angloparlante), son algunos de los signos que permanentemente le permiten a quienes sustentan este juicio, confirmarlo. Particularmente en el espectro del rock.  

En este contexto, hemos visto a muchas bandas desaparecer antes de trascender a su círculo más próximo, incluso con buenos discos bajo el brazo. Vemos también, como bandas insignes con amplia frustración no alcanzan a ver el éxito masivo antes de su separación (Weichafe y El Cruce son de los casos más próximos, y la intermitencia de Mandrácula y La Banda Del Capitán Corneta desde la segunda mitad de los 90 apunta en la misma dirección). Falta de empuje o frustración ante la inexistencia de los contactos necesarios, son algunas de las hipótesis que pueden levantarse en un ámbito pequeño como Chile, donde a veces priman otros aspectos distintos al talento.  

Sin embargo, no a todos les va mal. Hoy existe en Chile una escena musical, surgida desde lo independiente y del “hágalo usted mismo”, que saca aplausos, llena recintos de pequeña y mediana capacidad y tiene éxito en el extranjero. Esta generación reniega y desafía las etiquetas, situándose en el límite del rock, el pop, el indie y la masividad. Camila Moreno, Astro, Nano Stern, Javiera Mena, Gepe, Alex Anwandter, son algunos de los diversos nombres que el periodista Manuel Maira en su libro Canciones Del Fin Del Mundo (2012) agrupa bajo la “generación de la música chilena 2.0”. ¿Cuál es la receta, hoy por hoy, para triunfar en la escena musical chilena? En esta columna nos atrevemos a esbozar algunas conclusiones, en base a los testimonios expuestos en este libro.

1. Talento/ «Vanguardia»/Actualidad

Más allá de los gustos individuales, y que muchos de estos nombres generan anticuerpos en la comunidad rockera más tradicional, lo cierto es que todo indica que esta escena está siendo aplaudida y seguida muy de cerca desde medios como el español y el mexicano. Es una escena que no tiene demasiados prejuicios con mezclar elementos otrora irreconciliables, que está en sintonía con lo que está ocurriendo AHORA en el contexto internacional (que vuelve al folk, al postpunk, al new wave y a las más raras mezclas entre dichos estilos) y no hace quince o treinta años atrás. Además, se trata de un grupo de artistas que son gusto de la movida más alternativa de Chile, haciendo, en general y sin detenerse en matices, un sofisticado pop. Un citado reportaje del diario español El País rezaba hace dos años:

El país sudamericano emerge como una de las grandes potencias de pop independiente cantado en español. ¿De repente? No del todo, es la consecuencia de 10 años de trabajo oculto. Se editan en España los discos de Javiera Mena, Gepe, Dënver y Ana Tijoux, la vanguardia de una ¿escena? demasiado desconocida hasta ahora.

Por su parte, en el Festival Vive Latino 2012, hubo en total ocho nombres chilenos: Dënver, Caravana, Astro, Francisca Valenzuela, Javiera Mena, Perrosky, Ritmo Machine y Pedropiedra. Es decir, hace un rato que vienen pasando cosas en Chile, y como todo desde lejos se ve con mejor perspectiva, acá en Chile se estaba formando una escena desde hace al menos tres años, y recién nos venimos dando cuenta.  

2. Profesionalismo

Se toman su trabajo con profesionalismo. Si bien varios reconocen que, teniendo en cuenta lo poco alentador del medio chileno, nunca creyeron que efectivamente podrían llegar a sonar en la radio, lo cierto es que en sus palabras es transparente el método y la rigurosidad:

Son más despiertos también, antes, los tipos de mi generación estaban puro hueveando a los 20 años, estaban haciendo cualquier cosa. Estos tipos son serios. Son bandas que trabajan en serio, los Astro, Dënver, la Francisca (Valenzuela) pareciera que tienen 35 años y tienen 25 con suerte (…) Creo que se dan cuenta de que en estos tiempos, las oportunidades tienes que aprovecharlas rápido, hay más ganas.

Aldo Benincasa, The Ganjas (p.198)

3. El papel de los productores y las redes

Este es uno de los aspectos más importantes. En un medio tan pequeño y poco desarrollado como el chileno, cuesta encontrar figuras del mercado musical más allá de los mismos músicos, las disqueras y las radios. En los testimonios, hay un nombre que se repite mucho: Cristian Heyne.

P:¿Qué aprendiste de Heyne?

R: Tiene súper claro lo que la canción necesita y lo que no. (…) Trabajar con él me ha devuelto la pasión por la música, realmente me conmueve lo que estoy haciendo, estoy muy feliz con eso, estoy pasando por un proceso vital súper bonito. Cristián me decía: «¿Qué estaí haciendo en el folk? Tu no erís eso”

Camila Moreno (p.62)

Heyne, entre 2010 y 2012, produjo los discos de Javiera Mena, Gepe, Dënver, Alex Anwandter, Fernando Milagros, Camila Moreno, por nombrar sólo a los que aparecen en la selección de entrevistas de Maira, ya que además están otros connotados como Pánico, Tío Lucho y Electrodomésticos. Es sin duda el principal productor de rock pop chileno.  

Otro nombre relevante, aunque se repite menos, es Carlos Fonseca (uno de los principales impulsores de la industria musical de los últimos treinta años). Fonseca, un tipo que apunta mucho menos a lo alternativo y más a lo grande (Los Prisioneros, La Ley). Luego de terminar su relación con Teleradio Donoso por “diferencias de mentalidad”, hoy concentra sus esfuerzos como manager en dos de las puntas de lanza de la música chilena actual: Anita Tijoux y Manuel García. Por su parte, Marcelo Aldunate, ex-director de Rock&Pop, a su vez es indicado por Manuel Maira como uno de los responsables de que Camila Moreno esté hoy en el mundo de la música.  

Esta generación, por lo tanto, ha logrado llamar la atención de estos profesionales de la industria musical (de los poquísimos que hay). Sin embargo, otro nombre indicado por algunos, que les ha hecho el camino más expedito en México es Jorge González:

Justo antes de irme a México, me encontré con Jorge en un asado y me dijo que tenía una casa allá que no ocupaba y que si me quedaba botado que le avisara y me la pasaba. Él es súper generoso, nada que ver con la imagen que la gente tiene de él, como la de ese hueón pesado, insoportable y aguja. En persona, es un rey el hueón.

Pedropiedra (p.180)  

Por lo tanto, se trata también de estar en el lugar y el momento indicados.

4. La estructuración del gusto

Es cierto. Hay esfuerzo, hay mucho profesionalismo, y en muchos de los casos hay talento y sintonía con la actualidad musical. Simon Reynolds (2011) se refiere específicamente a que esta actualidad musical “retromaníaca” reina principalmente en el mundo hipster, “el equivalente pop de la alta cultura” (p.18). Es precisamente en este grupo, siempre pendiente de las vanguardias y defensor de lo no convencional e innovador, donde lo retro ha germinado. En Chile, esta situación es similar, y la vanguardia retro a la que se aludió en el punto 1, fue impulsada principalmente por los jóvenes más cercanos a la élite cultural.

En concreto, lo cierto es que el gusto por la vanguardia musical o artística no se estructura de manera aleatoria, sino que más bien se estructura en base a condiciones “objetivas” de clase (Bourdieu, 2010), experiencias educativas previas y, en general, historias personales que, por algún motivo, van estructurando “disposiciones” hacia el arte que de por sí, en países como el nuestro, es un producto de consumo cultural que genera distinción. Así, en muchos de los casos el peso del origen social y de las posibilidades educativas juega un rol importante en la configuración de este talento y esta “originalidad” que les permite estar en la vanguardia musical de la escena chilena.

Alex tenía apenas 13 años y llevaba poco más de la mitad de su vida en clases de violín. Era lejos lo que más le gustaba hacer.

Manuel Maira sobre Alex Anwandter (p.18)

En Francia también tome clases de piano y chelo (…) En la adolescencia descubrí a los dadaístas y a los surrealistas y pelé el cable mucho rato con escritores como Artaud o Desnos.

Ana Tijoux (pp.32-33)

Tuve la suerte de tener un papá que me pudo financiar todas las clases (de guitarra con Jorge Díaz, de canto popular con Francesca Ancarola y de canto lírico con José Quilapi)

Andrés Nüsser, Astro (p.44)

Antes que la música, en la niña bilingüe nacida en California de padres chilenos, la escritura era lo que ocupaba la mayor parte de su tiempo libre, recuerda de esos días en que las mejores vacaciones que podía imaginar eran escribiendo en talleres de poesía.

Manuel Maira sobre Francisca Valenzuela (p.97)

Ahora bien, cuando hablamos de esta estructuración del gusto, hablamos de algo que puede transformarse y desarrollarse en el tiempo, no es algo estático dado únicamente por el origen social, sino que también, bajo ciertas condiciones de proclividad. Otros no pertenecientes a la élite pueden ir acumulando experiencias y desarrollando esta disposición hacia las manifestaciones artísticas distintivas. En ese sentido, varios de los músicos de esta generación provienen de la clase media, o al menos, no hay rasgos claramente marcados de experiencias tempranas de acumulación de capital cultural (Bourdieu, 2011) como en los casos citados. Es el caso de Gepe, Manuel García o los Dënver.

En mi familia a nadie nunca le interesó que yo estudiara música, nadie me apoyó realmente. Lo veían como un hobbie, para mi papá, lo más cercano a un músico que debería haber sido era como el Negro Piñera (…) Esa crianza que a mí me dieron, de clase media, sanmiguelina, me ayudó ene para tener un enfoque no tan snob. El no nacer en una familia de izquierda, artística, me ayudó mucho a entender el trabajo musical como un trabajo en silencio…

Gepe (p.111)

5. El papel de los sellos

Si bien no es muy mencionado en el libro, existen sellos independientes consolidados y profesionales que entregan una importante plataforma de apoyo a algunos de estos artistas. Algo Records hoy tiene un sello identificador de su música, siendo la principal plataforma de bandas como The Ganjas, Guiso, Perrosky y La Big Rabia. Por su parte, Quemasucabeza se ha posicionado como plataforma de la avanzada del pop, estando presente en los inicios de Javiera Mena, Fernando Milagros, Gepe, Pedropiedra, entre otros.  

Sin embargo, hay que destacar casos como el de Javiera Mena (punta de lanza de lo que ocurre con esta generación en el ámbito internacional) y Latin Bitman, cuyo éxito ha estado relacionado con que, en el caso de la primera, Esquemas Juveniles (2006) haya sido editado en Argentina primero que en Chile; y en el caso del segundo, que actualmente haya fichado por Nacional Records, sello que lo ha posicionado en Estados Unidos.

6. ¿Pop o Rock?

Nosotros somos una banda de rock y en Chile no hay bandas de rock que realmente se muevan. Hay bandas, montones, pero no pasa nada con ellas. Para mi gusto, las que hay son poco originales, no veo ninguna banda de rock que me interese mucho. No entiendo por qué. (…) En vanguardia electrónica o pop, Chile tiene para regodearse, estamos en un nivel súper bueno comparado con afuera.

Aldo Benincasa, The Ganjas (p.199)

Finalmente, todo este desfile de nombres nos lleva a pensar en que Chile hoy ha formado una sólida escena que se mueve en los difusos límites del rock y un multiestilístico pop. Se trata de un pop que en estricto rigor no apunta a la masividad característica de éste, sino a un pop distinto, vanguardista, difícil de digerir, gusto de hipster. Carece de las formas del rock, pero en muchos casos comparte su actitud y sus anhelos de sofisticación y quiebre de esquemas. Los límites no son claros. Lo que sí es claro, es que esto no es rock así como comúnmente lo entendemos.

¿Qué sacamos en limpio?

En conclusión, todos estos artistas lograron formar una escena. Probablemente lo que los une es uno, varios, o todos los elementos enumerados en esta columna, según sea el caso. Pero la mayoría de ellos pueden identificarse como un todo, con códigos musicales similares, con edades similares, en sellos musicales comunes, hogares compartidos, colaboraciones, productores, carteles en festivales, etc.  

Manuel Maira retrata muy bien a esta generación que se sitúa en el borde de las etiquetas, como todo movimiento nuevo. Hoy lo etiquetan como “el nuevo pop chileno”, y en su momento fue “la nueva trova”. Sin embargo, nadie puede negar el ADN rock de temas como ‘Incendié’ de Camila Moreno o ‘El Miedo‘ de Manuel García. Lo cierto es que al parecer el rock, con los códigos formales que lo conocemos, no goza de tan buena salud como su contraparte pop. Es el rock más amigo de los riff y las guitarras distorsionadas, ese que vivió su apogeo en la década de los 90 de la mano de estilos como el grunge, el nu metal o el stoner, el que no logra, ni ha logrado nunca surgir con fuerza (salvo períodos muy excepcionales). ¿El problema es la falta de propuesta? ¿Profesionalismo? ¿Capital Cultural en un país tan elitista como Chile? ¿Una escena cohesionada, colaborativa y con una imagen común? ¿Buenos productores y sellos interesados en su música? Juzgue usted.

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