La banalización del Rock

Casi 6 décadas han pasado desde los inicios del rocanrol. Su esencia vanguardista ha cambiado; ya nada es transgresor y todo tiende a banalizarse. En nuestra editorial, planteamos la tesis de cómo la sociedad de consumo ha invisibilizado el que creemos es el verdadero espíritu del rock


«Campera por corazón,
pura foto sin canción
y el burrito a la televisión.
Fina linea entre el artista y el mono tití.»

Divididos – Rasputin (1993)

La banalización del rock no es algo nuevo. La utilización meramente formal de algo que alcanza ciertos niveles de popularidad, despojándolo de todo su contenido e incluso aún, dándole un sentido totalmente nuevo y muy distinto a lo original, es una práctica que el mercado ha utilizado desde los tiempos de Elvis Presley.
En términos semánticos, la palabra ROCK ha ido mutando. Si bien es cierto el significado es el mismo, los significantes que se han ido incorporando al imaginario común de las personas han hecho que varíe la percepción como signo artístico, esa que tenía como principal característica el ser funcional y testimonial al espíritu del rocanrol, esencialmente libertario y reivindicativo. El negocio lucrativo (como factor externo y como fuerza que motiva a los mismos músicos) ha mutilado la percepción histórico-romántica que había del rock, como esa fuerza que confluye estilos, tendencias, y vaya confundiéndose con otras músicas que poseen significantes diferentes a aquella que hemos tratado de compartir y difundir; aquella riqueza que es inherente a la creación artística.
Hoy, observamos a diario iniciativas como festivales de rock para niños, la camada de “Rock Disney”; o multitiendas y bancos apropiándose de clásicos del rock para vender sus productos de temporada (como le ocurrió años atrás a Los Jaivas con una de sus canciones más emblemáticas, usada para un comercial de Tiendas París). Todo está masificado, todo está dirigido al consumo. Todo es efímero y transitorio. Incluso el rock.

Años atrás, los festivales de rock se realizaban para combatir la guerra, para combatir al SIDA o los Derechos Humanos. Hoy en día, a lo más que pueden aspirar es a campañas de reciclaje o políticas. ¿Qué pasó en el camino?.

Esta tesis de la banalización del rock no sólo viene de factores externos. Las grandes voces del rock ahora hacen más noticia por sus declaraciones cruzadas que por la calidad y contenido de sus discos: bandas como Rage Against The Machine y System Of A Down se reúnen sin el mínimo interés por realizar nuevo material; Billy Corgan y Chris Cornell se lanzan mensajes por la prensa, mientras que sus discos dejan mucho que desear y las reediciones de aniversario son las ‘novedades’ con las que tenemos que conformarnos.

Por otro lado, la rentabilidad de las reuniones y regresos del rock sólo alcanza para armar buenos carteles en el gran negocio musical del siglo XXI, como lo son los festivales de música. Black Sabbath, siendo una de las pocas bandas de los 70 con todos sus integrantes vivos, nos deja bajo los caprichos económicos de Sharon Osbourne sin la posibilidad de verlos tocar juntos (ya que no quiere a Bill Ward en la banda).

Esta banalización va llevando a una depreciación del ROCK en términos artísticos y creativos. La mercantilización de la música sólo le hace daño al artista y a su público, al cual ya no lo respetan ni se hace respetar, sólo es un consumidor de artefactos: audífonos, reproductores y discos de vinilo sobrevalorados por una maquinaria montada para sacar dividendos de nuestros gustos personales. Inclusive en los mismos recitales, donde el “estar ahí” despoja de cualquier criterio a los fanáticos, que casi sin darnos cuenta vamos cayendo en un circulo donde nos enganchan con ‘entradas en verde’, ‘early birds’ o como se llamen, sin siquiera saber que artistas estarán pagamos un nombre de festival, confiamos en las productoras, ellos se quedan con el dinero y sus intereses, y luego pasan cosas como que una banda como Slayer hace unas semanas cancelara el show en el Teatro Caupolicán por incumplimiento de contrato al retrasarse el montaje de los equipos 3 horas.
Poco queda de aquel ‘fuego original’ que motivo a tantos músicos a hacer de su arte algo más que ‘sólo cantar canciones’, sino que intentar llevar el espíritu libertario del ser humano en sus mensajes y en sus acordes, para de alguna manera ‘activarnos’, despertarnos del letargo en que nos mantienen.

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