Fotografía sónica #1: Jim Marshall

Tal como las letras de las canciones, las imágenes son de vital importancia en el imaginario colectivo. Jim Marshall fue el iluminado de la fotografía rockera, capaz de transmitir, e incluso superar, la fuerza innata del fenómeno cultural. De él son varias de las postales inmortales del rock.

El rock es una manifestación sociocultural por esencia, por contenido, por existir. Prohibido, usado, manipulado, aceptado (pero nunca oficial); y aunque a veces se piense que se ha vendido y nos ha traicionado, surge la esperanza en las nuevas generaciones. O en el recuerdo de los imperecederos estandartes. 
Su raíz más básica naturalmente es sonora, y sin que esto sea un cliché, o peor aún, un dogma, habrá un amplio consenso en que ése es su detonador principal. Sin embargo, uno de los factores más relevantes en el fenómeno de masificación y conexión con la dimensión “pop” del rock es su sustento visual. Y es que a diferencia de sus antecesores como el blues, el country o el jazz, el rocanrol gozó de emparejarse con la visualidad para su difusión planetaria, lo que no se había dado con igual fuerza en los otros movimientos musicales –lo que no quiere decir que no existiera-, pero sí que coincide en la línea de tiempo histórica: con la masificación de la prensa, la mejora en la tecnología de los mecanismos de imprenta y una explosión en la demanda por lo visual. 
¿Cómo no recordar las amplias discusiones sobre los mitos asociados tras las fotografías de Elvis, los Beatles o los Stones? ¿Cómo no revisar la enorme intromisión del pop-art de Andy Warhol en la estética del rock de los ’70? ¿Cómo ignorar esa postal de Paul Simonon azotando el bajo contra el piso? 
Entonces, podríamos entender que la “hermandad natural” entre la propuesta rock (rupturista por definición) con las vanguardias de las artes visuales desencadenan una relación duradera e indisoluble entre música e imagen, que amplía el ancho cultural de nuestro querido rocanrol. Por eso, acá en +Rock decidimos revelar esos rollos llenos de imágenes del rock. 
El rockstar de la fotografía


Jim Marshall (Chicago, 1936) es una leyenda tanto para la fotografía, como para el rock, y no por un acierto, sino por muchos. De él son imágenes inolvidables como la de Johnny Cash levantando el “dedo central” en la prisión de San Quentin, mostrándole al mundo su lado más rebelde y desafiante, o el momento culmine de la historia del rock, cuando Hendrix se deleita y quema su Fender Stratocaster en el Festival de Monterrey en el ’67. Fueron de él también las imágenes más icónicas (y oficiales) de la primavera del amor en el festival de Woodstock (junto a otro notable tras el lente: Henry Diltz). Y así, muchas, muchas historias congeladas en instantáneas, que ayudaron a definir el sonido de la calle en un mundo cambiante y lleno de vitalidad
Estos retratos del rock se definen a partir de una importante “escuela” de la fotografía: el fotoperiodismo. La especificidad de esta corriente se centra en estar en el lugar y el momento adecuado, buscando que los retratos capturados se constituyan en el testimonio de un momento histórico. En esto, Marshall fue un estandarte desde que comenzó en 1959 con su cámara Leica M2 (nunca cambiaría de marca), cuando la primera ola del rock había pasado por encima de la sociedad conservadora de Estados Unidos. 
El “abuelo de la fotografía de rock” gozó de la oportunidad del encuentro entre tiempo y lugar, en pleno estallido del rock, principalmente gracias al encaje perfecto que tuvo para convivir con las grandes estrellas que retrató. Y lo consiguió gracias a su carácter áspero, agudo y enérgico, sumado a que resistió el ritmo en ruta de los rockeros de los ‘60-’70 y pudo convertirse en uno más entre ellos. 
Estas características de su personalidad lo ayudaron para que los grandes artistas posaran frente a su lente. Se puede decir que retrató a casi todos: The Who, Janis Joplin, Bob Dylan, Chuck Berry, Rolling Stones, Muddy Waters, Led Zeppelin, Jimi Hendrix, y un largo etcétera, además de músicos más actuales como Lenny Kravitz y Velvet Revolver. Marshall, con las puertas del rock abiertas de par en par, retrató sus días de gloria. 

Frecuentó el lado salvaje de la vida y vivió a la misma o a mayor velocidad que sus modelos es una especie de póstumo acto de justicia poética (…) La implicación personal de Marshall iba más allá de lo que el oficio reclama. Si los músicos se drogaban, él se drogaba más; si bebían hasta el knock out, él seguía bebiendo sin derribarse… Cuando le preguntaban cómo soportaba aquel ritmo y cual era el secreto para que siguiera haciendo grandes fotos pese a la intoxicación, decía: «¿Qué quieres que te responda? Tengo mucha suerte de estar donde estoy. Puedo entrar donde casi nadie entra y esto nunca ha sido un trabajo: es mi vida”.1 

Marshall también siguió a artistas del jazz, del blues y del country: John Coltrane, Miles Davis, John Lee Hooker, Howlin’ Wolf…, pero sus obras más difundidas están asociadas al mundo del rock, Sobre esta experiencia de recorrer los grandes circuitos del rock fundacional y haber estado frente a los máximos baluartes de este estilo de vida, Jim se sinceró ante el editor de la Rolling Stone2

“Me encantan todos estos músicos, son como mi familia. (…) Mirando hacia atrás, me doy cuenta que estuve ahí, en el comienzo de algo especial, soy como un historiador. Hay honestidad en mi trabajo, y de eso me siento orgulloso. Me siento bien cuando pienso, dios mío, realmente he capturado algo alucinante”

Hablar de fotografía sin fotos es como hablar de música en silencio. A continuación, alguna de sus imágenes más importantes: 



El vínculo de Jim Marshall con The Beatles llegó a tal nivel que fue durante varios meses el único fotógrafo oficial de los de Liverpool. Esta imagen es parte del seguimiento a su último concierto en Candlestick Park, San Francisco, en 1966. Para esa oportunidad, la cobertura del evento le fue exclusiva a Marshall, fundamentalmente como un gesto de agradecimiento de los Beatles a su fotógrafo predilecto. 


La fotografía mítica es del Festival de Monterrey en 1967, finalizando su presentación con la clásica ‘Wild Thing’, donde Jimi ofrece su guitarra en sacrificio, como un ritual ancestral, quemándola y luego rompiéndola. La imagen definitiva del espíritu del rocanrol fue captada por Marshall. 
Como anécdota, la primera vez que el fotógrafo toma contacto con el mejor guitarrista de todos los tiempos tienen una conversación más o menos así: 
Oye Jimi, soy Jim Marshall, quisiera hacerte unas fotos, ¿puedo? 
¡Por supuesto!, éste es el destino, el tipo que me hace los amplificadores también se llama Jim Marshall. 
Ya sabrán de qué amplificadores hablaba Jimi, cuyo nombre es ni más ni menos que James Marshall Hendrix, en honor a un hermano fallecido. Menuda coincidencia. 



Marshall y Cash llegaron a ser amigos. Participaba en las giras de él por los Estados Unidos retratando diversos momentos del artista. En esta imagen, Jim le pide a Johnny una foto para saludar al Alcaide de la prisión de San Quentin en 1969, y éste le ofrece el gesto máximo de insolencia. 
No es posible decir con certeza si la reacción de Cash obedece a una “incitación” de Marshall, o si es un gesto acorde a un carácter rebelde y desafiante, pero sí está claro que la motivación fue “saludar al alcaide”. Johnny Cash, un artista mucho más cercano al country que al rock -hasta ese entonces-, manifiesta el carácter subversivo del rock, en un breve gesto, que quizás sería la inflexión (momento y lugar fotográfico), hacia el rock, y si la sincronía temporal no es tal, a lo menos, es un fiel reflejo de un elemento implícito, que más adelante se haría tácito en la obra del hombre de negro. ¿Se podría entender a Johnny Cash sin esa imagen? 
El rock tiene que agradecerle su genialidad para captar la esencia, el espíritu de la música que rompió las limitantes convencionales de la sociedad occidental y dio forma a una cultura juvenil. Son imágenes de vital importancia en el imaginario colectivo, tal como lo son las canciones de Bob Dylan. Porque en el amplio espectro de la música popular, la fotografía rock es una categoría en sí misma. Y, sin lugar a dudas, Marshall era una de las grandes estrellas del género, capaz de transmitir, e incluso superar, la fuerza innata del fenómeno cultural.

Jim Marshall falleció el año 2010, dejando al mundo una impresionante colección de fotografías de conciertos y retratos de los más grandes artistas del rocanrol y otros géneros musicales3. El legado de Marshall es testimonial, y también inspirador, y enseña que un fotógrafo del rock debe tener ese espíritu avasallador, con carácter, intimista e intruso. O sea, ser también un rockero. 

«No quiero pelotudos dando la lata, ni maquilladores… Soy un reportero y reacciono al ambiente. Me meto tanto en lo que hago que mi cámara es una parte de mi cuerpo (…) He trabajado duro, pero esto no es un trabajo. Siempre lo pasé muy bien. Mi única condición era que los mánagers no me jodieran a mí y yo no les jodería a ellos. Tenía la confianza de los artistas y ellos sabían que mi función no era fastidiar, sino hacer fotos»4 





1. Ánxel Grove. «Gran restrospectiva del ‘fotoógrafo del rock and roll’, Jim Marshall». 20 Minutos. 2012

2. Jason Fine. “Remembering Jim Marshall”. Rolling Stone. 2010 
3. Si quieren ver más fotos, el lugar oficial -que es bastante ordenado y didáctico-, es el sitio de la fundación que se abrió en su nombre: Jim Marshall Photography  
4. Fernando Navarro. “Jim Marshall, el fotógrafo esencial del rock”. El País. 2010

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