Cuando la música se acaba

La invasión de las bandas brit de los 60 capitalizó todas las miradas de los fanáticos, de la industria musical y de los críticos de rock hacia lo que estaba ocurriendo con la música pop en la isla inglesa. Estados Unidos sufría un duro revés en la industria musical, luego de dominar por completo el mercado en los 50. Ni los Beach Boys, el primer gran grupo popular estadounidense (que se había hecho famoso con su surfrock californiano y que sobrevivió a la embestida Beatles), pudo escribir una historia de impacto social como lo estaban haciendo las bandas al otro lado del Atlántico. Pero la agitación lasciva y subversiva vendría del mismo California.   

En pleno énfasis del pop, la contracultura juvenil rockera se expandiría por la costa oeste de EE.UU., teniendo a las ciudades de San Francisco y Los Angeles como puntos geográficos clave. La primera, será la cuna de la psicodelia y el movimiento hippie que tendrá su eclosión en 1969; en tanto en L.A., aparecerá una de las agrupaciones concluyentes para entender y dar forma a la cultura rock: The Doors. 

Acercamiento a la cultura rock a través de los Doors  

Formados por Ray Manzarek en teclados, Robby Krieger en guitarra eléctrica, John Densmore en batería y Jim Morrison como letrista, voz y frontman, el legado de esta mítica banda se desmarca de lo musical para entregarnos una serie de definiciones ideológicas y contraculturales a través de sus textos. The Doors fue uno de los grupos más completos en la perspectiva de encontrar una correspondencia música/letra (De Garay, 1989). Para poner sobre la mesa esta tesis, tomaremos la canción que cierra su segundo álbum Strange Days de 1966. La dantesca ‘When The Music’s Over’. 

Tiene un ritmo lisérgico, que durante sus once minutos de duración va teniendo diferentes episodios donde estallan y se escuchan en plenitud todos los instrumentos, donde el feeling de la banda alcanza su máxima expresión musical, dejándose llevar por la inspiración y el efecto alucinógeno del LSD que consumían para conectarse con los rincones más abstractos de la mente -con visitas incluidas al inconsciente freudiano, al inconsciente jungiano y a iluminaciones parciales (Hopenhayn, 1992). Es una especie de jam, donde el grupo proporciona un sorprendente contraste musical para la dionisiaca narración de Morrison, probablemente, la estrella de rock que a fines de los sesenta sintetizó de manera más completa el rock de masas con el discurso intelectual del cambio radical, la experimentación psicotrópica con la búsqueda de nuevas expresiones en la música popular, la literatura “maldita” y la biografía personal.

When the music’s over
Turn out the lights

En su letra, esta canción hace de la negación de la realidad una dialéctica de creación por carencia, por desafiliación, por oposición (Salas, 1998); en la cual, Jim Morrison canta con firmeza sobre los proyectos utópicos jugados en serio en la inmediatez del presente: “we want the world and we want it NOW!”

Queremos el mundo y lo queremos ahora. El grito cautivante, tenso y colérico del Rey Lagarto es una reivindicación, un llamado al cambio, pero ya no de manera prudente como la primera generación de jóvenes que esperaban que el mundo adulto le brindara las oportunidades para ser parte de la toma de decisiones, sino que en tono de urgencia. Y así lo entenderían los millares de jóvenes occidentales que oyeron en este grito el eco sublimado de su insatisfacción, mucho más que en el ‘(I Can´t Get No) Satisfaction’ de los Rolling Stones en 1964, que se quedaba en el estadio de la frustración y no expresaba ninguna exigencia (Chastagner, 2012).

Queremos el mundo y lo queremos ahora. El rock de los Doors legitimó y profundizó la crítica de la intervención norteamericana en Vietnam, el movimiento por los derechos civiles, la liberación de las relaciones sexuales, la “brecha de credibilidad” y la “brecha generacional” en Estados Unidos (Hopenhayn, 1992). La atmósfera de transformación social y moral penetró en la música, y luego, los mensajes contestatarios que se difundieron vertiginosamente a través de la propia industria cultural y el consumo masivo penetraron en la sociedad. Con visceralidad se impulsó el rock de los 60 con críticas al conformismo; con transgresión, emancipación y una conciencia individual se perfiló como el lugar privilegiado de una mitificada liberación social.

Cancel my subscription to the Resurrection 
Send my credentials to the House of Detention 
I got some friends inside 

La juventud estadounidense, y algunos meses más tarde, la juventud de la mayor parte de los países occidentales, decidió “apoderarse” del mundo porque encontró que en ese espacio donde habitaban, no había un pasado ni tampoco un futuro muy alentador, con un mundo que jugaba a la guerra y mandaba a matar y morir a sus jóvenes en una batalla que no sentían propia. Si no hay pasado, si no hay presente, si no hay futuro; si el mundo sigue siendo una mierda technicolor; entonces, ¿de qué va todo cuando Morrison canta y exige que le entreguen el mundo? ¿Acaso la expresión de un sufrimiento insostenible, la esperanza de un cambio radical, es un grito de rebelión?

What have they done to the earth? 
What have they done to our fair sister? 
Ravaged and plundered and ripped her and bit her 
Stuck her with knives in the side of the dawn 
And tied her with fences and dragged her down 

El mundo que quiere Morrison con los Doors, y que querrán los jóvenes a partir de 1966, no es el que conocen. La ruptura con el mundo oficial es irreversible, porque durante él se consuma el proceso de autoconciencia y distanciamiento de las formas tradicionales de expresión. El proyecto juvenil deberá constituir, en su parte cultural, una auténtica demanda libertaria, integradora, desrepresora (Salas, 1998); inyectarle ideología al concepto de contracultura que ya en los 50 venía surgiendo “sin causa”, como consecuencia detonante de la cultura modernista. Así, los jóvenes comienzan a desarrollar una conciencia política en busca de la libertad.

I hear a very gentle sound 
With your ear down to the ground 

Entonces, lo que hacen las palabras de Jim Morrison en ‘When The Music’s Over’, es darnos la clave del estado de ánimo de los jóvenes que aparece en la mitad de la década del sesenta, abrirnos “las puertas de la percepción” (parafraseando el nombre del texto escrito por Huxley y que inspira el nombre de los Doors) alterando los estados de conciencia y provocando un reencuentro con sí mismo y el todo.

Para el profesor y especialista en música popular angloamericana Claude Chastagner, la frase “queremos el mundo y lo queremos ahora” nos presenta los principios básicos de la cultura rock, y la desmenuza de la siguiente manera:

• we: preminencia del grupo, de la multitud, de la generación. El rock es ante todo una música de conciertos, de fiesta, de aglomeraciones, de escuchas colectivas. No hay otro que un gigantesco nosotros.
• want: las paredes del 68 repetirán, en sustancia, la misma determinación, un peldaño por encima: “no reivindicamos nada, no pedimos nada, tomaremos y ocuparemos”, “el derecho de vivir no se mendiga, se toma”. Tomando lo que se quiere, abandonando lo que no se ama, la juventud de los 60 no quiere tomar un papel subalterno, inferior; esa juventud se sirve sola. No debe haber ningún obstáculo, ninguna opresión para la satisfacción de sus deseos.
• world: voluntad maximalista y globalizante. Recomienzo absoluto de la historia. También de eso harán eco las paredes: “la emancipación del hombre será total o no será”, “sean realista, pidan lo imposible”.
• now: insistencia de lo inmediato, en el presente, rechazo a la contemporización y a la esperanza, impaciencia erigida en derecho. Rechazo también al aprendizaje, a la lentitud que antes se le confería a la educación, que era extirpación progresiva y laboriosa fuera de la infancia. Rechazo finalmente a la herencia, a la filiación, al peso de un pasado del que no se acepta sacar alguna experiencia. De nuevo aflora Mayo del 68: “vivir en el presente”, “vivir sin tiempos muertos”. Este now es la celebración de la juventud, de aquello que no viene con el tiempo, puesto que todavía no tiene tiempo. 

Es a través de esta frase, con sus palabras exigentes y rebeldes, como podemos afirmar el inicio de una cultura rock que ya no será sólo imagen, sino que también sustancia, signo. Las letras de las canciones de rock comenzarán una progresiva aproximación a la realidad social, ya no entendida únicamente como horizonte limitado del adolescente de los años 50, sino con una perspectiva que apuntaba a plantear problemas de la sociedad en su conjunto: del horizonte restringido y privado, cotidiano, del teenager y de sus problemas personales, se pasa lentamente al horizonte más amplio del joven que se asoma a la realidad social (Maffi, 1975).

Well the music is your special friend 
Dance on fire as it intends 
Music is your only friend Until the end 

En esta perspectiva, podemos afirmar que el rock es, quizás, la única forma musical que en el contenido de sus letras dice lo que los otros callan, motivo importante por el que llegó a considerarse como una contracultura, en particular por la constante referencia y crítica al mundo social en el que vivimos (evidentemente no en todos los grupos). Como alguna vez dijo Pete Townshend:

Creo que el rock puede hacerlo todo, es el último vehículo para decir cualquier cosa, para destrozar cualquier cosa, para matar y para crear […] es un reflejo de lo que está ocurriendo alrededor.

(De Garay, 1989)

Con ‘When The Music’s Over’, The Doors propuso con una tranquila seguridad, un ultimátum mucho más inquietante y amenazador que cualquiera de sus compañeros músicos a mediados de los 60. El aullido de Jim lo indicó: pasó el tiempo de la paciencia, es tiempo de entrar en acción.

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