Chi, el salvador de Deftones

En el estreno de nuestra columna de opinión, abrimos el espacio para dejarle unas palabras de cariño y respeto desde esta tribuna a Chi Cheng, el carismático bajista de Deftones, que el pasado 13 de abril dejó este mundo luego de 5 años en coma.



Cuando ví a Deftones en febrero de 2007 acá en
la Estación Mapocho, era otra banda, muy distinta a la del glorioso enero de 2001
.
En ese primer concierto, cuando los de Sacramento se alzaban como una de las
bandas más importantes del mundo gracias a White Pony, el carisma de Chino
Moreno cubría todo el escenario, su forma hipnótica y un poco altanera de hacer
de maestro de ceremonia dejó una marca imborrable en todos los que estábamos
ahí, que por fin podíamos ver en vivo, en su mejor momento, a una de las bandas
de nuestra adolescente generación. Mientras Moreno ejercía con autoridad su
reinado, aún puedo recordar cómo Chi Cheng, desde la derecha del escenario del
Víctor Jara, aportaba con sus guturales “Shove it! Shove it!” y con el grito que
dio el puntapié inicial en ‘Engine Nº 9’.
Brutal. Pero el jefe era Moreno.

Pasó el tiempo, la banda saca su notable disco
homónimo en 2003, pero el escenario poco a poco empieza a volverse cuesta
arriba, y los fans comenzábamos a percibirlo. El disco no superó ni igualó en
calidad a su antecesor, las ventas bajaron considerablemente, la banda poco a
poco empieza a desaparecer de la primera línea. Chino no estaba bien, y con un
evidente sobrepeso que no hablaba bien ni de su salud física ni mental, comenzaron
una seguidilla de conflictos, de bandas paralelas, de rumores que hablaban de que
su mala relación con la banda estaba llegando a un punto de no retorno…

En toda esa tormenta, la banda finalmente lanza Saturday Night Wrist (2006), una excelente placa de una oscurísima mezcla de
metal con tensas melodías heredadas del postpunk y el triphop. El disco que
marcó el camino de todas las siguientes producciones de la banda que siempre
han estado en los Top #3 de los recuentos anuales del género. El mismo disco que
traía de vuelta a Deftones a Chile, en febrero de 2007. Con toda el agua que ya
había pasado bajo el puente.

La banda se veía en muy buena forma, aunque ya todos sabíamos, por ejemplo, que
las cuerdas vocales de Chino ya no eran las de antes, y que de hecho, era
factible asumir que las composiciones de la banda habían girado hacia un sonido
más oscuro, precisamente para adaptarse al nuevo nivel vocal de Moreno. Sin
embargo, otro aspecto podía percibirse ese día, algo que sólo era posible ver
estando ahí, recibiendo el directo de la banda. No sólo las cuerdas vocales no
eran las de antes. Ni el vocalista, ni la banda en su conjunto lo eran, se
habían movido piezas.

El líder ya no era Chino, sino que la responsabilidad, intencionalmente o no, con
el consentimiento explícito de la banda o no, recayó en Chi, él era el maestro
de ceremonia, el que se comunicaba con el público
. Con menos carisma pero más
humildad y simpatía, vimos que era Chi Cheng el que agradecía y hablaba tras
cada canción mientras Moreno, luego de su hipnótica performance, bajaba la
mirada y esperaba que le dieran el vamos para continuar con la siguiente. Casi como
pidiendo disculpas, como una ofrenda a sus compañeros, Chino en una muestra de
humildad seguía en la banda, pero había sido despojado del liderazgo (o lo
había entregado voluntariamente, quién sabe) por uno mucho más acorde a los
tiempos de reconciliación. Deftones estaba viviendo su propia “transición”
luego de un período bien tormentoso
.

Ese día, los que estuvimos ahí, pudimos ver que Chi, con su buena onda, había traído
la calma y mantenido cohesionada a la banda en los tiempos difíciles. El
fatídico accidente de noviembre de 2008, en plena composición del sucesor de Saturday Night Wrist, no hizo sino finalizar esta transición. Sin querer,
Chi Cheng terminó de unir y darle el necesario nuevo aire al grupo.



¡Chao, Chi Cheng!, salvador de Deftones.

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