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Don’t know what I want, but I know how to get it

Más de treinta años.
Más de treinta años de contra-revolución. De contra-revolución preventiva. En cada pueblo. En cada comunidad. En cada país. Dentro y fuera de aquel reducto en el cual tú te encuentras. Más de treinta años de un sueño de alambre de espino, poblado de vigías. De un sueño de los cuerpos, impuesto por el toque de queda.
Más de treinta años. El pasado no pasa. Porque la guerra continúa. Se ramifica. Se prolonga. En una articulación mundial de dispositivos locales. En un calibrado inédito de las subjetividades. En una nueva paz de superficie. Una paz armada bien hecha para cubrir el desarrollo de una imperceptible guerra civil.
Hace más de treinta años, era el PUNK , el movimiento del 77, el área de la autonomía, los indios metropolitanos y la guerrilla difusa. De un golpe surgía, como salido de alguna región subterránea de la civilización, todo un contra mundo de subjetividades que ya no querían consumir, que ya no querían producir, que ya no querían ni siquiera ser subjetividades. La revolución era molecular, la contra revolución no lo fue menos.
Se dispuso ofensivamente, después duraderamente, toda una compleja máquina para neutralizar lo que era portador de intensidad. Una máquina para desactivar todo lo que podría explotar. Todos los (IN) dividuos de riesgo, los cuerpos indóciles, las agregaciones humanas autónomas. Luego fueron decenas de años de estupidez, de vulgaridad, de aislamiento y de desolación.

¿CÓMO HACER?
Alzarse. Alzar la cabeza. Por elección o por necesidad. Poco importa, en verdad, desde ahora. Mirarse a los ojos y decir que volvemos a comenzar. Que todo el mundo lo sepa, lo más rápido posible. Volvemos a comenzar.
Se acabo la resistencia pasiva, el exilio interior, el conflicto por sustracción, la supervivencia. Volvemos a comenzar. En más de treinta años, hemos tenido tiempo para observar. Hemos reflexionado y comprendido. La democracia para todos, la lucha "antiterrorista", las masacres del Estado, la reestructuración capitalista y su "Gran Obra" de depuración social, por selección, por precarización, por normalización, por "modernización".
Hemos observado algunos, otros sólo han visto, hemos reflexionado y comprendido. Los métodos y los objetivos. El destino que se nos reserva. El que se nos niega. El estado de excepción. Las leyes que ponen a la policía, a la administración, a la magistratura por encima de las leyes. La judicialización, la psiquiatrización, la medicalización de todo lo que se sale del cuadro. De todo lo que huye.
Hemos observado. Hemos reflexionado y comprendido. Los métodos y los objetivos.
Cuando el poder establece en tiempo real su propia legitimidad, cuando su violencia se vuelve preventiva y su derecho es un "derecho de injerencia", entonces ya no sirve de nada tener razón. Tener razón contra él. Hay que ser más fuerte, o más astuto. Es por esto también por lo que volvemos a comenzar. Volver a comenzar no es nunca volver a comenzar algo. Ni retomar un asunto justo donde lo habíamos dejado. Lo que vuelve a comenzar siempre es otra cosa. Siempre es inaudito. Porque no es el pasado lo que nos empuja, sino precisamente lo que en él no ha advenido. Y porque somos también nosotros mismos, entonces, quienes volvemos a comenzar.
Volver a comenzar quiere decir: salir de la suspensión. Restablecer el contacto entre nuestros devenires. Partir de nuevo, desde donde estamos, ahora. Por ejemplo, hay golpes que ya no se nos darán. El golpe de la "sociedad". Por transformar. Por destruir. Por volver mejor. El golpe del pacto social. Que algunos quebrarían mientras que otros pueden fingir "restaurarlo".
Estos golpes, no se nos darán más. Hay que ser un elemento militante de la pequeña burguesía planetaria, un ciudadano verdaderamente para no ver que ya no existe, la sociedad. Que ha implosionado. Que ya no es más que un argumento para el terror de los que dicen re-presentarla. A ella que se ha ausentado. 

Todo lo que es social se nos ha vuelto extranjero.

Nosotros nos consideramos absolutamente desligados de toda obligación, de toda prerrogativa, de toda pertenencia social. LA SOCIEDAD, es el nombre que ha recibido a menudo lo irreparable, entre aquellos que querían que también fuera lo inasumible. 
Quién rechaza este cebo deberá dar un paso de distancia. Operar un ligero desplazamiento respecto de la lógica común del imperio y de su contestación, la de la movilización, respecto de su común temporalidad, la de la urgencia.
Volver a comenzar quiere decir: habitar esa distancia. Asumir la esquizofrenia capitalista en el sentido de una facultad creciente de desubjetivación. Desertar pero guardando las armas. Huir, imperceptiblemente. 
Volver a comenzar quiere decir: sumarse a la secesión social, a la opacidad, entrar en desmovilización, sustrayendo hoy a tal o tal red imperial de producción/consumo los medios de vivir y de luchar para, en el momento elegido, barrenarla.
Nosotros hablamos de una nueva guerra, de una guerra de partisanos. Sin frente ni uniforme, sin ejército ni batalla decisiva. Una guerra cuyos focos se despliegan a distancia de los flujos mercantiles aunque conectados a ellos. Hablamos de una guerra totalmente en latencia. Que tiene el tiempo. De una guerra de posición. Que se libra ahí donde estamos. En el nombre de nadie. En el nombre de la existencia misma, que no tiene nombre.
Operar ese ligero desplazamiento. Ya no temer a su tiempo. "No temer a su tiempo es una cuestión de espacio". En la oKupa. En la Orgía, En la Revuelta. En el tren o el pueblo ocupado. En la búsqueda, en medio de desconocidos, de una "free party inencontrable". Hago la experiencia de ese ligero desplazamiento.
La experiencia de mi desubjetivación. Yo devengo, me vuelvo una singularidad cualquiera. Un juego se insinúa entre mi presencia y todo el aparato de cualidades que me están ordinariamente vinculadas. En los ojos de un ser que, presente, quiere estimarme por lo que yo soy, saboreo la decepción, su decepción al ver que he devenido tan común, tan perfectamente accesible. En los gestos de otro, una inesperada complicidad.
Todo lo que me aísla como sujeto, como cuerpo dotado de una configuración pública de atributos, siento que se derrite. Los cuerpos se deshilachan en su límite. En su límite, se IN/distinguen. Barrio tras barrio, cualquiera arruina la equivalencia, Y yo alcanzo una desnudez nueva, una desnudez impropia, como vestida de amor. ¿Se evade uno alguna vez solo de la prisión del yo?

En la oKupa. En la Orgía. En la Revuelta. En el tren o el pueblo ocupado. Nos volvemos a encontrar. Nos volvemos a encontrar como singularidades cualesquiera. Esto es, no sobre la base de una común pertenencia, sino de una común presencia. Esta es nuestra necesidad de comunismo. La necesidad de espacios de noche, donde podamos reencontrarnos más allá de nuestros predicados.

Más allá de la tiranía del reconocimiento. Que impone el RE- conocimiento como distancia final entre los cuerpos. Como ineluctable separación. Todo lo que sé, el cariño, el amor, la novia(o), tu mujer, tu compañera, tus hijos, tu familia, el entorno, la empresa, el estado, la opinión - me REconoce; es por ahí por donde uno cree que se me tiene. Por el recuerdo constante de lo que soy, de mis cualidades, se querría abstraerme de cada situación. Se me querría exigir en toda circunstancia una fidelidad a mí mismo que es una fidelidad a mis predicados.
Se espera de mí que me comporte como hombre, padre, hermano, amigo, empleado, parado, profesional, madre, amante, militante, intelectual, rockero, punk, o filosofo, como un simple sometido, un ciudadano denominado gente y no persona. Se quiere contener entre los bordes de una identidad el curso imprevisible de mis devenires. Se me quiere convertir a la religión de una coherencia que se ha escogido para mí.
Cuanto más soy reconocido, más mis gestos se encuentran trabados, interiormente trabados. He aquí capturado por la malla ultra-ajustada del nuevo poder. En las redes impalpables de la nueva policía; LA POLICÍA IMPERIAL DE LAS CUALIDADES.
Hay toda una red de dispositivos en los que me hundo para "integrarme", y que me incorporan esas cualidades. Todo un pequeño sistema de fichaje, de identificación y de "policiaje" mutuos. Toda una prescripción difusa de la ausencia. Todo un aparato de control "comportal/mental", que apunta al panoptismo, a la privatización transparencial, a la atomización. Y en el cual yo forcejeo.

Necesito devenir anónimo. Para estar presente. Cuanto más anónimo soy, más estoy presente. Necesito zonas de indistinción para acceder a lo común. Para no reconocerme ya en mi nombre. Para no escuchar en mi nombre sino la voz que lo llama. Para hacer consistir el cómo de los seres, no lo que son, sino cómo son lo que son. Su forma de vida. Necesito zonas de opacidad en donde los atributos, incluso criminales. incluso geniales, ya no se separen de los cuerpos.

Devenir cualquiera. Devenir una singularidad cualquiera, no está dado. Siempre posible, pero nunca dado. Hay una política de la singularidad cualquiera. Que consiste en arrancar al Imperio las condiciones y los medios, incluso intersticiales, de experimentarse como tal. Es una política, porque supone una capacidad de enfrentamiento, y porque una nueva agregación humana le corresponde. Política de la singularidad cualquiera: liberar esos espacios en los que ningún acto es ya asignable a ningún cuerpo dado.
Donde los cuerpos Reencuentran la aptitud al gesto que la sabia disposición de los dispositivos metropolitanos ordenadores, automóviles, grandes mansiones, viviendas "sociales", barrios marginales, barrios altos, escuelas y/o colegios, psiquiátricos, hospitales y/o clínicas, lo público v/s lo privado, etc...o una gran incorporación  al "Establishment" les había disimulado. Reconociéndolos. Inmovilizándolos. Haciendo que giren en el vacío. Haciendo existir la cabeza separadamente del cuerpo.

Política de la singularidad cualquiera. Un devenir cualquiera es más revolucionario que todo ser cualquiera. Liberar los espacios nos libera cien veces más que todo "espacio liberado". Más que de poner en acto un poder, gozo de la puesta en circulación de mi potencia. La política de la singularidad cualquiera reside en la ofensiva. En las circunstancias, los momentos y los lugares en los que serán arrancadas las circunstancias, los momentos y los lugares de un anonimato tal, de una parada momentánea en un estado de simplicidad, de un anonimato tal, la ocasión de extraer de todas nuestras formas la pura adecuación a la presencia, la ocasión de estar y ser, al fin, ahí.




4 comentarios:

  1. Clau1983 dijo...:

    buenisima columna... mucho pasan por lada viendo sin detenerse a observar.... creo que esto tiene mucho que ver con la individualización con concentrar a las personas en espacios privados mecanizandolas y volviendolas casi unos robot que solo se preocupan de ellos y de las frivolidades que les ofrece el mercado para que de esa forma pierdan toda capcidad de reflexion y opinion, el gran trabajo que queda por delante es salir de esos espacios privados y volver a utilizar los espacios publicos para que asi las persoans sean capaces de observar...
    gracias Alain por compartir tan buen escrito!

  1. Isabel dijo...:

    Cuando leía la columna, recordaba los tiempos de colegio, con la Marcela, la Sola, la Pancha, la Karen y la Caro, eramos chicas punky, en donde chocábamos con el sistema impuesto. Íbamos al choque con los lineamientos del colegio, esas reglas y normas poco democráticas. También recordaba los tiempos universitarios en la escuela de arquitectura, en donde luchamos incesantemente por tantas injusticias cometidas a nuestros amigas (os) estudiantes. Poco puedo decir sobre esta columna desgarradora, emotiva, y claramente llena de emocione y sentimientos. Una gran declaración de principios, que hoy por hoy nos mantiene en primera línea. Esos recuerdos de colegio y universidad, aún siguen vivos, y aún siguen intactos esos sueños que nos convocaron a desafiar al sistema y a la sociedad.
    Besos bello amigo.

  1. Francisca dijo...:

    Días grises, inspiración a full, seguramente en su refugio, alejado de todo y de todos como suelen pasar en mi bellísimo compañero de vida. Leía las redes comentando sobre un "manifiesto desgarrador", y sí que lo es. Es un llamado de atención a la sociedad inexistente, un llamado a la rebelión de ideas, a estar ahí en primera línea, como debe ser, un compromiso sin condiciones, convicción y consecuencia.
    Me alegra saber que aún existen hombres de acción, que ponen absolutamente todo a disposición y a voluntad de cambiarlo todo, sin esperar nada, pero nada a cambio.
    Conmovida de ser parte de este gran camino de soñadores.
    Gracias y admiración alain.

  1. Pablo dijo...:

    TREMENDO MANIFIESTO
    Felicitaciones a todos los punk/rockers de +ROCK

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