20 discos de 1979 para entender el sonido de los 80

The Germs 
Slash 
Si de sonidos característicos en los 80 hay que escribir, los del hardcore no pueden quedar afuera de ninguna revisión. Incendiario, beligerante, autodestructivo, colérico. El hardcore fue lo que el punk quiso desarrollar pero no pudo. The Germs personificó en la figura de su vocalista Darby Crash todo eso y más. Formados en Los Angeles, editan este único álbum, (GI) –acrónimo de “Germs Incognito”– a inicios de 1979, donde su sonido lacerante y arrogante pasará, indiscutiblemente, a los anales de la historia del hardcore estadounidense. Ahí donde Crash cantaba sus letras carismáticas influenciadas por su culto a Bowie, el guitarrista Pat Smear (que luego integraría Nirvana y Foo Fighters) fabricaba filosos y pegajosos riffs. Todo en un trabajo de coautoría entre ambos. ‘Communist Eyes‘, ‘Richie Dagger’s Crime‘, ‘American Leather’, ‘Lexicon Devil’, ‘Media Blitz’ y la jam en vivo de nueve minutos ‘Shut Down (Annilhilation Man)’ son parte de las canciones, de un total de 16, que en menos de 40 minutos hacen que cualquiera sacuda la cabeza. Importante fue el trabajo en producción de esta carga de dinamita, a cargo de la inoxidable Joan Jett. Toda esta sobredosis incendiaria acabó en 1980, cuando Crash decide suicidarse. Su muerte sólo acrecentó el mito, convirtiendo a los Germs en una de las bandas punk más influyentes y pioneras del hardcore que luego desarrollarían Black Flags, Dead Kennedys, Circle Jerks, Bad Religion, Bad Brains y un extenso etcétera. 

Van Halen 
Warner Bros. 
1978 marcó a la banda oriunda de Pasadena: luego del apadrinamiento por parte de Gene Simmons (Kiss) y tras el lanzamiento de su debut –con buenas críticas y éxito en los ránkings– fueron llamados para telonear a Black Sabbath en la gira Never Say Die! Este fue el punto de inflexión. La caída del gigante y el surgimiento de los nuevos estandartes. Las reseñas de la época indicaban que el trabajo de Ozzy y los suyos lucía «cansado y sin inspiración», contrastado con el desempeño «juvenil y desenfrenado» de los novatos. Fue así como el grupo aprovechó su buen momento y entró nuevamente al estudio para grabar su segundo álbum, Van Halen II, que saldría a la luz en marzo de 1979. Este trabajo mantuvo el sonido heavy rock, pero ese apellido ya empezaba a prescindir. Al heavy había que encontrarle una expresión más acorde. Y esa fue metal. Acá, las guitarras dominaban por completo al incipiente estilo que resumía todos los potentes conceptos del rock: fuerza, instinto, rebeldía, ritmo y libertad. Con esto, instalan por primera vez un hit con el single ‘Dance The Night Away’. El virtuosismo del guitarrista Eddie Van Halen es agobiante, pero fresco, y comenzaría a calar hondo y generar adeptos. Su técnica de finger-tapping sería el aporte gigante que terminaría de dotar de identidad al heavy metal, que se desarrollara con mucha más fuerza ya en los 80. Por su parte, el vocalista David Lee Roth le dará performatividad al género, vistiéndose con calzas y saltando como loco en cada show. Su formula era clara: arrogancia sonora más exuberancia lírica. Y vaya que dejaba utilidades: según la RIAA, VHII vendió en un mes un millón de copias. Sin duda, entre los compradores estaban los responsables del glam metal. El resto es historia. 

Motörhead 
Bronze 
Uno de los caminos que tomó el hard rock tiene como referente absoluto a Ian Kilmister y su banda Motörhead. Provenientes de Londres y pertenecientes a lo que se llamó la “new wave of british heavy metal”, esta banda comandada por ‘Lemmy’ en el bajo y voz, lideró el nuevo aire del rock en la isla británica junto con Iron Maiden y Def Leppard. Incluso, los más ortodoxos consideraban a éstos como la “tabla de salvación” ante tantas mistificaciones que comenzaron a desarrollarse en la música popular, como bluebeat, postpunk, synth pop, etc. Con un estilo tremendamente agresivo y contundente, Motörhead le dio al rock una beta trepidante, “puso los cimientos (batería estruendosa, riffs velocísimos, bajo mortífero, vocales a tope de garganta) para practicantes del speed metal como Anthrax y Metallica, ya avanzado los 80” (Dimitry, 2005). Otros, tomarían estas referencia musicales para crear el hardcore inglés (específicamente la movida UK82). Estos trazos proto-speed y proto-hardcore, nacen de Overkill, su segundo largaduración. Para muchos, su mejor y definitivo trabajo, pieza fundamental para el desarrollo del rock de trazos más gruesos en Inglaterra. Un álbum sin tabúes que desde el track 1, nos entrega su declaración de principios: «Only way to feel the noise is when it’s good and loud, So good you can’t believe it’s screaming with the crowd, Don’t sweat it, get it back to you, overkill». Esta era la definición de heavy metal. 

XII
Fatback Band 
Spring 
En medio del boom de la música de discotecas de mediado de los 70, empiezan aparecer en los suburbios de New York (especialmente en las fiestas block party) los primeros músicos en grabar los griots de poesía urbana –al estilo Gil Scott-Heron– sobre pistas de funk y/o disco, que se caracterizaban por las potentes líneas de bajo e incluir el dub jamaiquino. Lo que hacían era, en lugar de cantar, recitar la letra imprimiéndole un ritmo con la voz (más potente y más veloz). O sea, en términos populares, rapearon. Es en 1979 cuando se dan a conocer las primeras grabaciones utilizando esta “técnica”, con los singles ‘Rapper’s Delight’ de Sugarhill Gang, ‘Rapping & Rocking The House’ de Funky 4+1 y ‘King Tim III (Personality Jock)’ de Fatback Band. Serían éstos últimos quienes editan en marzo de ese mismo año su largaduración XII, e incluyen la canción, marcando el devenir y la identidad que provocó el hip-hop en las décadas siguientes, resumido en la “revelación de valores y aspiraciones convencionales a través de una suerte de espejo deformante que rasga los velos del protocolo y de la ideología, la jerga de la libertad, la empresa y la acción” (Reynolds, 2010). Más que el álbum en sí mismo, donde reina la música disco, lo de Fatback fue la antesala de lo que sería la autopsia rapera: uso del lenguaje popular y callejero, el slang con rimas sencillas basadas en simples bajos y percusiones sostenidas, clímax monocorde y una fuerte carga social en tiempos de pelea de los derechos civiles de los afrodescendientes estadounidenses. Una desconocida piedra angular de la música negra. 

Bad Girls

Donna Summer 
Casablanca 
Proveniente de fenómenos como el soul sesentero, el funk setentero y el sonido Motown, la música disco se instaló en el imaginario de la sociedad (a nivel planetario), de los viernes y sábados por la noche que bullían en una frenética actividad hedonista, multirracial, en igualdad de género y diversidad sexual. Fenómeno que incluso se replicó fuertemente en Latinoamérica, ya que la invitación era a pasarlo bien y no había mensajes políticos directos. Una de las reinas de este movimiento fue Donna Summer, ahijada del talentoso productor (y pieza clave en la historia) Giorgio Moroder, que la descubrió en Alemania y de inmediato la puso a competir con la diva Gloria Geynor, que por esos años tenía al mundo bailando al ritmo de ‘I Will Survive’ (1978). Bad Girls la llevó a la cumbre del éxito y le permitió al disco un segundo aire, ya que incorporó elementos más rockeros (evidentes en el estribillo de ‘Hot Stuff’) y mostraría coqueteos con la electrónica (‘Lucky’), siendo con esto un trabajo vanguardista dentro del género. Si bien es cierto las luces de la música disco comenzaron a apagarse a inicios de los 80 (con dos hitos clave: el cierre del famoso Studio 54 en febrero del 80 y una protesta en julio del 79 denominada ‘Demolition Night Disco’), el invento de subirle al bass groove y a los beats hasta colocarlos en primer plano, incluso por encima de la voz solista, darían inicio al desarrollo de la música electrónica (tecno, house). Incluso, el crítico Simon Reynolds, osadamente sostiene que “la electrónica disco de Moroder y el synthpop sereno de Kraftwerk conjugaron refulgentes visiones de una Europa moderna, orientada hacia el futuro postrock”

Electric Light Orchestra 
Jet 
La ELO fue una de las formaciones rutilantes de los setenta, aunque con escasa difusión en este lado del globo. Con Jeff Lynne como su líder esencial, lograron hacerse de un nombre en la escena con su estilo que mezclaba lo progresivo y lo sinfónico con un envidiable sentido de la melodía pop. Para 1979, el siempre innovador Lynne –quién también era productor– absorbería lo generado por la música disco (para algunos críticos, debido a su admiración por Giorgio Moroder) y crearía un álbum imbatible, con al menos tres hits con la bola de espejos bajo el brazo: ‘Shine A Little Love’, ‘Don’t Bring Me Down’ y ‘Last Train To London’. Esta mezcla entre disco y rock, su esencia sinfónica, más canciones lentas como la magistral ‘Confusion’, lograron posicionar este álbum al número #1 en los charts de Inglaterra, un verdadero hito para la banda y el termómetro indiscutible de que la música disco también era disfrutada por un público más rockero. Este sincretismo de estilos que parecen irreconciliables, fueron heredados por los entonces también consolidados Queen, quienes se aventurarían a incorporar nuevos elementos a su estilo. También casos particulares como los siempre vanguardistas Peter Gabriel o David Bowie, no con los resultados esperados, e incluso acusados de “vendidos” por los fans más puristas. Discovery, además, tiene un legado invisible: el cambio notable en la forma de hacer canciones en cuanto a su producción y mezcla. La clave de lo que siguió después residió ahí, y esto le dio un giro de 180° a la industria musical. 

Three Imaginary Boys 

The Cure 
Fiction 
Antes de que Robert Smith comenzara a alimentar sus oscuros demonios para crear lo que los periodistas especializados han llamado el dark wave, subgénero que caracteriza a la banda hasta hoy en día, sus antecedentes musicales los apuntan directamente a la movida que estaba naciendo en el underground británico. Los inicios de The Cure fueron, justamente, los de un postpunk nato y, luego, al de su evolución natural con la new wave. Formados en 1976 en Crawley, sur de Inglaterra, lanzaron en mayo de 1979 su disco debut Three Imaginary Boys, un registro donde la simplicidad del punk se torna repentinamente compleja, espeluznante y hasta psicodélica. Es curioso, porque dentro del catálogo de los Cure, este álbum aparece como un bicho raro, pero que situado en la época, es brillante. Una joya del postpunk, inclusive. Canciones como la imperecedera ‘10:15 Saturday Night’, la pegadiza ‘Fire In Cairo’, la minimalista versión de ‘Foxy Lady’ y las oscuras ‘Three Imaginary Boys’ y ‘Another Day’, convierten este trabajo en un material para recordarlo a menudo, aún teniendo en cuenta los resquemores del propio Smith quien reniega de él. Como segundo single, lanzarían la balada pop melancólica ‘Boys Don’t Cry’, su primer gran éxito, que no está incluido en la versión inglesa pero que sí lo incorpora la versión americana. En 35 minutos, TIB marca el inicio no sólo de una de las bandas influyentes de los últimos tiempos, sino que también formará parte del sonido característico del under y de los jóvenes británicos de inicios de los 80. 

Joy Division 
Factory 
El crítico ingles John Savage resumió en su libro England’s Dreaming (1991) el aporte de Joy Division en una frase: “el postpunk proyectado en la esfera mínima”. Pero, ¿qué es el postpunk? Por una parte, fue una de las fuerzas motrices para la eclosión del indie, como una forma de hacer negocios en la industria musical (con Factory Records como su búnker) Por otra parte más ideológica, tomó el filoso adn de la filosofía punk, pero no así su consigna del “no future”. “Hay futuro, pero hay que construirlo”, decía el músico Allen Ravenstine en 1978. El postpunk fue el eco de toda una generación enojada y pensante. Fue este eco el que encapsuló a la perfección el productor Martin Hannett cuando grabó a la joven banda de Manchester. Lo que salió de ahí no se parece a nada de lo que haya salido ese 1979. Unknown Pleasure encierra una multitud de territorios diferentes explorados en cada canción. Una experiencia musical 100% efectiva que encarnó de lleno al postpunk: ritmos tirantes, ambientes oscuros, afán experimental y letras existenciales e introspectivas, a cargo del príncipe en blanco y negro Ian Curtis, voz y espíritu del género. Si Velvet Underground, Sex Pistols, Can y David Bowie habían influenciado a esta generación, lo que hizo Joy Division con este álbum fue sentar las bases para todo lo que se hizo después en la música alternativa, letrista y musicalmente. Desde Happy Mondays a Radiohead. Desde Stone Roses hasta Interpol. Canciones como ‘Disorder’, ‘Insight’, ‘She’s Lost Control’ o ‘Wilderness’ tomaron por asalto al mundo del rock y fueron puentes para explicar parte de una época que supo más de cultos, mitos y muerte, que de goce, brillo y fantasías de rockstars. 

The B-52’s 
Warner Bros. 
Mientras Inglaterra era sacudida por sus revoluciones sonoras, EE.UU. vivía su propia crisis tras en “envejecimiento” creativo en el que el rock se estaba entrampado. Es en este escenario donde aparece la new wave para acuñar a todos los grupos emergentes procedentes de la (poco) estruendosa revuelta punk, y que supieron caminar por el filo de la navaja sin cortarse en el intento. Uno de esos grupos fueron los divertidos B-52’s. Con su look retro cincuentón pero sin caer en lo glamuroso (con los grandes peinados en las dos chicas, Cindy Wilson y Kate Pierson) terminaron siendo, quizás, el más representativo aporte de la new wave yanqui (junto con Blondie). Provenientes de Georgia y con nombre prestado a los cazabombarderos de la 2ª Guerra, lograron un inesperado éxito en el underground gracias al single ‘Rock Lobster’ (1978), que los llevó a tocar en CBGB -el lugar icónico de la escena under- y a firmar con la gigante Warner Bros. para editar su álbum debut. Mezclaron letras con humor con los acordes del punk y el surfrock. Este collage de la cultura pop se traduce en sus infecciosas, memorables e irresistiblemente bailables canciones como ‘Planet Claire’, ‘Dance This Mess Around’, ’52 Girls’ y la regrabada ‘Rock Lobster’. The B-52’s significó una bocanada de aire fresco para el rock alternativo. Fue música del futuro, incluso en el peculiar mundo de la new wave de los 80, donde tuvieron una extraordinaria influencia. Sino, no habrían resonado a través de los años. Hoy, es difícil imaginar las interminables modas kitsch sin que los B-52’s les señalaran el camino. 

Michael Jackson 
Epic 
A pesar que la carrera del “rey del pop” había comenzado a muy temprana edad, primero con sus hermanos en The Jackson 5 y luego como solista en Motown, Michael Jackson hasta 1979 no había metido ningún número uno en las listas. No fue hasta que el productor Quincy Jones –el rey midas del pop– se ofreciera a guiarlo musicalmente, para que su camino a la fama empezara a pavimentarse. Off The Wall fue la punta de lanza hacía un éxito despampanante que experimentará durante toda la década de los 80, con canciones que parecen hechas para alumbrar todo el cielo del pop de aquí en más, como ‘Don’t Stop ‘Til You Get Enough’ y ‘Rock With You’. El binomio Jackson-Jones pulió todo lo conocido en el disco, el funk, el soul, el R&B; performativa y musicalmente. En otras palabras, reinventó el vocabulario del pop. Tomó el control. Determinó una manera de hacer las cosas, de tal forma que su siguiente producción, Thriller (1982), batió todos los récords de ventas, generando un fenómeno mediático que no se conocía desde la beatlemania. Mención aparte merece su trabajo vocal, con un falsete imposible de marca registrada que puede bajar de tal forma que se hace vulnerable. Hay un antes y un después de este LP que, sin lugar a discusión, es aún una escuela que sigue educando a cualquiera que intente hacer carrera en el mainstream. En el 2001, el álbum fue relanzado en una edición especial, en donde Quincy Jones se refiere a Off The Wall: “es un registro enorme, fresco. Sigue siendo vibrante y vertiginosamente emocionante a años después de su lanzamiento”

Talking Head 
Sire 
Una de las características de la new wave estadounidense fue que sus bandas nacieron amparadas por la vanguardia de las escuelas de arte. Y también por el punk. Esta mezcla llevó a que varios de sus principales exponentes se autoimpusieran la tarea de concretar la revolución inconclusa del género. Uno de estos referentes venía desde New York. Talking Heads, que ya había puesto material sobre la mesa desde 1977, se propone en su tercer disco, Fear Of Music, cargarse de densidad para definir parámetros de lo que la crítica empezaba a denominar art rock. Y esto lo quería poner de manifiesto desde el inicio su principal compositor David Byrne: el álbum parte con la adaptación de Gadji Beri Bimba, un poema sonoro del escritor dadaísta Hugo Ball, que renombrará ‘I Zimbra’ y sonará como un dance-tribal. Byrne, además, estaba obsesionado con la experimentación, idea que lo llevó a generar una labor letrista y vocal fuera de serie con su gestualidad agitada y neurótica., que encajó perfectamente con sus irónicas ideas conceptuales sobre animales, burocracia o vida urbana (‘Animals’, ‘Life During Wartime’, ’Cities’). Había inquietud, elegancia, y escuálidas guitarras rítmicas; todo dirigido por el ecléctico Brian Eno en producción, que con audacia, sacó a flote un LP difícil, que está siempre a punto de hundirse con su línea de punk básico pero “parchado” con elementos de jazz, efectos electrónicos y atmósferas funk. Esta propuesta de collage, generaría inquietudes en músicos que comenzarán a sonar a mediados de los 80, como Pixies, Sonic Youth o Violent Femmes. Un disco inquietante, pero redondo. Para algunos, como Lester Bangs, el mejor de los neoyorquinos. 

AC/DC 
Atlantic 
El hard rock iniciado por Black Sabbath, Led Zeppelin y Deep Purple germinó en lo que hoy conocemos como heavy metal. Para algunos historiadores del rock, el heavy recuperó al albor de la década de los 80 todo lo que se había estancado con la incorporación de elementos sinfónicos y eléctricos, y se convirtió en la corriente más fuerte de la época, ya que a diferencia de otros estilos, tuvo alcance global. Ejemplo de esto son los australianos AC/DC. Con mediana fama en los 70, se trasladarán a Inglaterra para iniciar su carrera ya más profesional. Si bien es cierto su sonido primal estuvo acorde al blues/hard rock, la “insolencia” y virtuosismo de su icónico guitarrista Angus Young, más el poder y color de la voz de Bon Scott, fueron trasformando su personalidad sonora hasta convertirse en los pioneros del heavy, con su capacidad para equilibrar rabia y contención a partes iguales. Es Highway To Hell el punto de ruptura y el álbum definitivo para iniciar el arranque del género. Es una celebración al pecado. Una oda al sexo. Canciones como ‘Highway To Hell’, ‘Girls Got Rhythm’, ‘Touch Too Much’, ‘If You Want Blood (You’ve Got It)’, fueron la catapulta al éxito y la consolidación. Con millones de discos vendidos y decenas de bandas que querían sonar como ellos, AC/DC se convirtió en una bestia salvaje que ni la muerte pudo domar. Alguna vez el locutor y crítico Alfredo Lewin dijo que “es más fácil y rápido ir al infierno que al cielo, por eso uno tiene una carretera y el otro una escalera para llegar a destino”. Ponga play con el acelerador a fondo.

Gary Numan 
Beggars Banquet 
La new wave fue lo que aglutinó el mayor número de opciones a partir de 1979. Parte importante de ella fue la estética: cabellos cortos, ropas elegantes y cuidadas, pulcritud, vuelta a la corbata como signo definitivo y otros detalles. Algo que el atormentado príncipe tecnológico Gary Numan adoptó al pie de la letra. Sólo basta con observar la carátula de Pleasure Principle, donde se muestra como “una mezcla de un alienígena andrógino a lo Bowie y un robot digno de Kraftwerk con algo de dandi que recuerda a los últimos Roxy Music” (Dimitry, 2005) En efecto, el álbum contiene universos musicales de todos esos artistas, que logran crear lo que la prensa etiquetó como synth pop. O “rock sin guitarras”. ¿Cómo? Numan utilizó sintetizadores alimentados por pedales de efectos de guitarra para conseguir su ideal de tecnificar la música al máximo. Una apuesta arriesgada, extrañamente atemporal en la era posmoderna. Así todo, logró cautivar a la audiencia con su single ‘Cars’, que alcanzó el número uno. Sin embargo, habría que hacer justicia con otras canciones iguales o tan grandes, como ‘Complex’, ‘Films’, ‘Observer’ o ‘Engineers’. La “robotización” de su sonido vino unida a la simple evolución de la tecnología, que fue caldo de cultivo para las nuevas tendencias, con The Human League y Depeche Mode como los aventajados en una Inglaterra que fue el crisol del paisaje sonoro de los 80. En 2009, Numan apareció como invitado en la gira Wave Goodbye de Nine Inch Nails. Trent Reznor diría al presentarlo: “fue importante y una gran inspiración para mi durante los últimos 20 años”

Gang Of Four 
EMI 
En la Inglaterra de finales de los 70, “las escuelas de arte funcionaron largo tiempo como una bohemia subsidiada por el Estado , un lugar donde los jóvenes obreros, demasiado rebeldes para una vida de trabajo, se mezclaron con chicos burgueses, que vivían como pobres y eran demasiado caprichosos para una carrera empresarial” (Reynolds, 2010). En este contexto, surge en Leeds la banda Gang Of Four, un grupo de universitarios influenciados ideológicamente por el marxismo de la Escuela de Frankfurt y artísticamente por el efecto de extrañamiento de Brencht y Godart. Con estas ideas, la banda fijó su objetivo de deconstruir el rock, a punta de incisivas guitarras, firmes líneas de bajo funk, batería de herencia punk y letras con temática de corte social, llenas de contenido e insolencia gracias al trabajo compositivo de Jon King. Sus ideas de izquierda hicieron dudar a la discográfica EMI para publicar el disco ya que con su discurso podrían tener problemas con el thatcherismo. Finalmente, Entertainment! sale al mercado en septiembre de 1979 para disparar canciones subversivas, que van desde la descripción de la vida obrera en ‘At Home He’s A Tourist’ y ‘Contract’, hasta la crítica al rol de los medios de comunicación en ‘Ether’ y ‘5:45’; que se van tejiendo en conjunto con su revolucionario sonido cargado con bombas sonoras de postpunk, psicodelia y new wave. Rock inteligente, furioso y con energía en estado bruto que marcó el inicio de un legado que se extiende en el tiempo, influenciando a bandas tan variopintas como REM, Red Hot Chili Peppers. Nirvana y Rage Against The Machine; y recientes como The Rapture, Franz Ferdinand y Bloc Party. 

Prince 
Warner Bros. 
Ya se ha dicho que la música discotequera “envasada” fue el furor popular de los 70. Dentro de ese nicho estaba el funk, que se había puesto al servicio de todo el fenómeno festivo en EE.UU., con el consentimiento del gran George Clinton. Entre medio de toda esa vorágine y mezcla de estilos, este talentoso músico tuvo un heredero natural en los 80 que sacudió al mundo de la música con su carisma: Prince. Este genio de Minneapolis (músico, actor, productor), desde muy joven fue un investigador constante de nuevas formas musicales y estéticas (aunque esta carátula diste mucho de eso último). Innovador en todo el sentido de la palabra, en 1979 compone, graba y produce, absolutamente solo, su segundo LP. Este afán que tenía por controlarlo todo –su máxima era “cambio las reglas, hago lo que quiero”–, al principio lo llevó al fracaso, pero con este álbum mejoró su estatus para que ya en los 80 naciera la estrella pop que conocemos hoy. En este homónimo, Prince enfoca mucho mejor el R&B urbano que andaba buscando, con un sonido sexy característico, sobre todo en el falsete de la voz y su guitarra funk/soul a pulso que no abandona en ninguna canción, donde destacan ‘I Wanna Be Your Lover’, ‘Why You Wanna Treat Me So Bad?’, ‘Sexy Dancer’, ‘Bambi’ y ‘I Feel For You’. Todas, pinceladas de un pop pulido que se manifestará con fuerza en los 80 con Michael Jackson, Madonna, Tina Turner, y varios más. En una frase: una invitación salvaje al descontrol sexual. 

The Police 
A&M 
Nacidos como un grupo punk y con el guitarrista Andy Summers bordeando los 40 años, The Police pasó a ser una de las bandas señeras de la historia. Debutaron discográficamente en 1978, pero es un año después con su segundo disco, Reggatta De Blanc, donde muestran la esencia de su música: un reggae blanco fusionado con los acordes metálicos de la new wave inglesa. Esta fue una propuesta muy respetuosa hacia el ritmo negro. Y también muy comercial. Al exquisito trabajo del experimentado Summers en guitarra, con pegadizos riffs, su suman la destreza en batería de Steward Copeland y el eximio bajo de Sting, un compositor con un sentido innato del pop. De este álbum se desprenden los clásicos ‘Message In A Bottle’ y ‘Walking On The Moon’, al igual que enormes canciones como ‘Reggatta De Blanc ‘, ‘Bring On The Night’ y ‘The Bed’s Too Big Without You’. Un trabajo enérgico donde la rítmica reggae de pronto suena punk (casi tan natural como a los Clash), o dicho de otro modo, hicieron que el punk fuera algo refinado. Fue número uno en las listas británicas y vendió muy bien en el mercado estadounidense, razón por la cual su sonido “experimental” de fusión con el reggae inspiró a grupos como No Doubt y Sublime. Aunque es en Latinoamérica donde se desarrollará con envidiable maestría el reggae-rock: en Argentina con Sumo, de la mano de Luca Prodán (que había vivido en Inglaterra y se había empapado de toda su música alternativa) y en Brasil con los fiesteros Os Paralamas Do Sucesso. En el 2001, Steward Copeland diría en una entrevista que “este debe ser el mejor disco de The Police”

The Specials 
2 Tone 
Uno de los subgéneros más representativos de fines de los setenta como parte de la new wave y muestra de que bajo su amparo cabía de todo, fue el ska (bluebeat en Inglaterra). Los ritmos cálidos continuaban teniendo éxito, y el reggae mantenía toda su pujanza, sobre todo en sus intentos llevados al rock. Pero para muchos, el ska seguía siendo el origen, la raíz. Y fueron tras ella. Este revival “folklórico” adulterado con pop, tuvo su cuartel general en el sello 2 Tone, creado por el tecladista de The Specials, Jerry Dammers. Pero 2 Tone era más que un sello. 2 Tone fue un concepto para poner a bailar a la sociedad inglesa con temáticas llenas de ira y descontento social. El bluebeat se hizo popular conjugando la rabia y la intensidad del punk con los ritmos del ska jamaiquino de los 60, y un look que mezclaba la estética de los mods ingleses y los godfellas de Jamaica (tal como se aprecia en la carátula). Su debut discográfico sale en octubre de 1979, fue producido por Elvis Costello y entró de lleno a los ránkings musicales, ayudado por el éxito que había tenido el single ‘Gangster’. Cabe destacar la participación del trombonista cubano/jamaiquino Rico Rodríguez, una leyenda dentro del género que terminó de dotar de personalidad a un disco que se mantiene como antídoto cómico a la indiferencia política y cultural de cualquier lugar. Después de The Specials, 2 Tone amparó a gran parte de la camada bluebeat para lanzar sus discos: Madness, The Selecter, Bodysnatchers, Bad Manners, The Beat, UB40… Un legado teñido en blanco y en negro. 

The Jam 
Polydor 
No todo fue novedoso –en el sentido estricto de la palabra– en los estilos que cobijó la new wave. Hubo algunos que intentarían, con éxito, revivir uno de los géneros más británicos que nos ha dado la historia de la música. The Jam, comandados por Paul Weller, impusieron sus propias reglas para darle un segundo aire al mod que The Who, The Kinks y Small Faces habían impulsado en los 60. Fueron los líderes de lo que se llamó revival mod. Es en 1978 con el álbum All Mod Cons donde mezclan el punk que ya venían tocando con el “rock clásico” de sus influencias. Ni más ni menos. De ahí en más, la “retomanía” se apoderaría de sus objetivos. Weller sabía muy bien que la conceptualidad podía ser empleada para narrar historias cotidianas con dramatismo y eficacia (ya lo habían hecho los Who en 1973 con Quadrphenia), y sentía que a su generación le faltaba un disco así. Casi lo logra. Setting Sons se propuso desde sus inicios como un disco conceptual que contaría la historia de tres amigos de la infancia que, luego de una guerra que los separa, se encuentran en la adultez con vidas e ideologías diametralmente distintas. La inmediatez de Polydor, su casa discográfica, por sacar material impidió el cometido. Sólo los temas ‘Thick As Thieves’, ‘Little Boy Soldier’, ‘Wasteland’, ‘Burning Sky’ y ‘The Eton Rifles’ siguieron la idea original. Cinco canciones más completan el álbum, disparejo en concepto pero que de igual modo logró consagrarlos. Su propuesta sería “pirateada” desde entonces por un séquito de bandas que no lograron el auge de The Jams, aunque la estética mod volvió apoderarse de las calles de Inglaterra. 

Public Image Ltd. 
Virgin 
La figura de John Lydon (aka Johnny Rotten cuando estrujaba su garganta en los Sex Pistols) en el movimiento postpunk fue extraña. Todos los músicos que se estaban forjando en el underground lo idolatraban por su aporte en el punk; pero él no encajaba en ese ambiente lleno de estudiantes universitarios. Lydon sufría del clásico síndrome del intelectual anti-intelectual: era un lector voraz, pero desdeñoso de la academia y de las reglas institucionales del arte. Aún así, lo que entregó PIL al postpunk es de una riqueza sin parangón. Definió su arquetipo. Metal Box fue su segundo álbum y uno de los definitivos en la definición del género (que pudo sobrevivir a la muerte de Ian Curtis de Joy Division). Es en este disco donde Lydon “pulió su estridente grito hasta convertirlo en un instrumento de tortura” (Dimitry, 2005). Jah Wobble, quien estaba aprendiendo a tocar el bajo, logró con su amateurismo obtener nuevas disonancias que se enfrentan a las catárticas guitarras del ex-The Clash Keith Levene. Al principio, todo parece un caos agobiante (‘Albatross’, el tema 1, fue una jam de 10 minutos), un ruido casi industrial, casi krautrock, casi avantgarde. No se impusieron límites, y eso llevó a que el registro suene y vaya desarrollándose naturalmente, a pesar de su complejidad y oscuridad, como las obras del impresionismo abstracto. Con el respeto que se había ganado Lydon, el álbum rápidamente fue “viralizado” y sus reverberaciones pintaron el devenir del rock alternativo y experimental. 

The Clash 
CBS 
Cuando el 2 de febrero de 1979 se supo la trágica noticia que Sid Vicious había muerto a causa de una sobredosis, el slogan “punk is dead” se apoderó de la prensa británica del momento. Revisando la historia, puede que la consigna sea verdad. Los grupos punk que “sobrevivieron”, lo hicieron con inteligencia y audacia a la brevedad del fenómeno. En ese escenario, los subversivos The Clash lanzan a finales de ese año el definitivo London Calling, un LP doble –impensado para cualquier banda punk en 1977– que definió el espíritu de su tiempo, reflejando cómo sus creadores (Joe Stummer, Paul Simonon y Mick Jones) asumieron a cabalidad su arte. Absorbieron casi todo lo que estaba pasando a su alrededor con el reggae rock, el bluebeat, el postpunk; e incluyeron también rockabilly, pop, R&B y rock a sus letras políticas de reivindicación social. ‘The Guns Of Brixton’, ‘Revolution Rock’, ‘London Calling’, ‘Brand New Cadillac’, ‘Lost In Supermarket’, ‘I’m Not Down’, ‘Death Or Glory’ exponen todas esas texturas que ofreció vitalidad al punk y estableció puentes hacía las músicas de la nueva década, redefiniendo el vocabulario del rocanrol. Y este correlato fue posible gracias a la titánica tarea de Guy Stevens en producción, quién sacó lo mejor de los Clash para hacer de London Calling una obra maestra, un registro que sobrevive con soberbia al paso del tiempo. Es tan coherente, que el quiebre conceptual al punk original se ve desde que miramos su carátula, con la fotografía de Simonon a punto de destruir su bajo, enfundado por las letras verdes y rosadas (tipografía reminiscente al primer álbum de Elvis). La invitación era clara: había que destruir (cambiar) todo. Y el objetivo se logró.

London Calling by Clash on Grooveshark

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